El presidente estadounidense Donald Trump ha logrado un golpe maestro en Oriente Medio. Mientras los medios progresistas y la izquierda internacional insisten en que ha “reculado”, la realidad demuestra todo lo contrario: Trump ha obligado a Irán a reabrir el Estrecho de Ormuz, vía vital por la que circula una quinta parte del petróleo mundial, y ha impuesto un alto el fuego temporal de dos semanas que deja a Teherán sin su principal arma de presión económica.
El genio estratégico de Trump: presión máxima y victoria tangible
Frente a las amenazas iniciales de Trump de acabar con “toda una civilización” si no se levantaba el bloqueo, Irán ha cedido en lo esencial. “Siempre y cuando la República Islámica de Irán acepte la APERTURA COMPLETA, INMEDIATA y SEGURA del Estrecho de Ormuz, acepto suspender los bombardeos y ataques contra Irán durante un período de dos semanas. ¡Esto será un alto el fuego bilateral!”, escribió Trump en sus redes.
Gracias a la mediación paquistaní, se ha evitado una escalada que habría disparado los precios energéticos y hundido la economía global. El resultado es claro: el estrecho se reabre bajo supervisión internacional efectiva, aunque Irán intente venderlo como “pasaje coordinado con su ejército”. Esta es una derrota operativa para el régimen de los ayatolás, que pierde su capacidad de chantajear al mundo con el petróleo.
El plan de los diez puntos de Irán: exigencias maximalistas que Trump convierte en base de negociación
Irán presentó un documento de diez puntos que incluye el cese de ataques contra Teherán y sus aliados (como Hezbolá y los hutíes), la retirada total de tropas estadounidenses de la región, el levantamiento de todas las sanciones primarias y secundarias, la descongelación de activos, la eliminación de resoluciones del OIEA contra su programa nuclear y, por supuesto, el “control iraní continuado” sobre Ormuz.
Trump ha respondido con pragmatismo: “Hemos recibido una propuesta de 10 puntos de Irán y creemos que constituye una base viable para la negociación”. No ha aceptado todo, pero usa las dos semanas para concretar lo que realmente interesa a Estados Unidos: seguridad en el tránsito petrolero y contención del expansionismo iraní. Mientras tanto, Irán se autoproclama victorioso, como siempre hace cuando se ve acorralado. “Constituirá una importante victoria diplomática para la nación iraní”, afirma su Consejo Supremo de Seguridad Nacional.
Trump no ha reculado: ha convertido la amenaza en palanca para desarmar el bloqueo iraní sin una guerra total.
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Israel, según fuentes como Haaretz, respetará la suspensión bilateral de ataques, aunque le preocupan los términos del pacto. Netanyahu y su gobierno saben que una tregua mal gestionada puede fortalecer al Eje de la Resistencia. Aún no se ha precisado la fecha exacta de entrada en vigor, pero el mero anuncio ya ha provocado un derrumbe del precio del petróleo: el barril WTI cayó hasta los 95 dólares y el Brent a 93, con bajadas de hasta el 15%. Los mercados celebran la reducción de incertidumbre.
Este movimiento de Trump expone la debilidad de las políticas de apaciguamiento de la izquierda europea y estadounidense, que durante años permitieron a Irán enriquecerse y amenazar con cerrar Ormuz.