La España desfondada

Al término de la II Guerra Mundial, en el bloque vencedor y no comunista surgió un tipo de sociedad próspera en lo económico y lo cultural basada en el florecimiento de lo que vino a llamarse “clase media”. Donde el marxismo promulgaba dos clases, la propietaria y la trabajadora, las democracias liberales impulsaron un modelo de tres clases estructurado, más o menos, como sigue:

  • La clase alta, que tiene propiedades y no trabaja
  • La clase media, que tiene propiedades pero sí que trabaja
  • La clase baja, cuya única riqueza es la fuerza de trabajo

Donde los comunistas tomaron la industrialización como escenario de opresión, las democracias liberales afrontaron los retos de la sociedad industrial con un esquema en el que resonaba el pensamiento de Henry Ford: conviérteles en propietarios y se volverán conservadores, porque entonces tienen algo que perder. Y alguien que tiene algo que perder no monta revoluciones, no quiere ver las calles arder. Una casa familiar, un automóvil, quizás alguna inversión. Eso es suficiente para desactivar la contestación sistémica radical que venía del marxismo.

Ahora este sistema se ha venido abajo por dos motivos principales

La inflación masiva y estructural creada en los años setenta con el abandono del patrón oro y el gobierno indiscutido de una nueva oligarquía no democrática, a saber, los bancos centrales.

*Andalucía decide por todos

La inmigración masiva con su efecto de dumping social: si tú no aceptas un sueldo de miseria, no hay problema, porque hay miles de recién llegados que llaman bienestar a lo que tú llamas miseria, acostumbrados como están a las penurias de sus países de origen.

El resultado de todo ello lo tenemos ante nuestros ojos

Los hijos de las clases medias ya han perdido el acceso a la propiedad y se han lanzado a un nuevo tipo de contestación, el de la derecha alternativa, que focaliza su indignación hacia esquemas más o menos nostálgicos, tanto por el hartazgo contra los valores progresistas predominantes como por el choque cultural continuo a pie de barrio. Esta nueva revolución conservadora, por saludable que sea, se antoja incompleta, porque se abstiene de apuntar sus cañones hacia arriba. En el mundo de los Le Pen, Meloni, Millei, Orban, falta quien apunte hacia la nueva tecno-clase extractiva que funciona en coordinación con los bancos centrales, aprovechando en su favor la continua inundación de liquidez propiciada por los bancos centrales, la clase que basa su privilegio en la inflación estructural que está arrasando a las antiguas clases medias. Hay que hablar de islam, de multiculturalidad, de wokismo tóxico, sí – pero también hay que desmantelar el imperio satánico de los bancos centrales. De lo contrario, la revolución va a quedarse a medias.


Escrito el 10/05/2026
Octavio Cortés