Sánchez, el pacifista universal

Para la temporada de primavera el PSOE, siempre atento a las necesidades de sus fans, ha preparado una campaña de re-branding en torno al supuesto pacifismo de Pedro Sánchez. Como que la cosa va a coincidir con los fastos del 8M, los niveles de cursilería y desvergüenza se van a disparar hasta cotas nunca vistas. Veremos maravilla tras maravilla.

La idea viene a ser que en la figura de Pedro confluyen de manera única e irrepetible el antifascismo, el feminismo, el progresismo y la paz en el planeta y en las galaxias cercanas. Hay un Lex Luthor en la Casa Blanca y Pedro es nuestro Superman con ojeras. Ayer mismo, Ramón Espinar publicaba en X que España, gracias a la postura de Sánchez, es “la primera potencia moral del planeta”. Y sólo estamos empezando.

Nadie puede dejar de notar que las campañas de imagen del PSOE funcionan especialmente bien cuando tratan a sus votantes como idiotas. Cada uno puede sacar de ello las conclusiones que prefiera. Cuando tu único legado real es una ordalía de mentiras, traiciones y corrupción, solo queda el recurso a lo folklórico, a la carnaza para charos y jorgejavieres, a las batallas imaginarias de Sarah Santaolalla o al palestinismo podemita. En este caso, la situación resulta especialmente cómica porque la mentira quedó patente desde el primer minuto: no solo los EEUU siguen usando las bases en territorio español, sino que hemos enviado una fragata a la guerra. Pero esto no importa a la parroquia sanchista, porque para pertenecer a ella hace tiempo que es necesario un alto grado de disonancia cognitiva. Esta gente se alimenta de sloganes, histeria e ignorancia, lo que suceda en el mundo real ni les roza.

Por supuesto, no ayuda el hecho de que buena parte de la derecha haya dado por bueno el argumentario anti Trump. Tenemos a Rubén Gisbert (Rubén Almíbar) cacareando a diario el argumentario podemita, lo mismo que César Vidal, Guillermo Rocafort o Lorenzo Ramírez, por no hablar de la muchachada de Núcleo Nacional. Ha sucedido lo mismo en el paisaje de los influencers de derecha en USA, donde Megyn Kelly o Tucker Carlson están perfectamente alineados con la izquierda. El que más se ha pasado de frenada ha sido Nick Fuentes, llegando a pedir el voto por el partido demócrata.

Decir “no a la guerra” es como decir “no a la tuberculosis”: una obviedad vacía. Es como pensar que para acabar con las agresiones sexuales basta con que salgan Javier Bardem y Almodóvar gritando “no a las violaciones”. O que para acabar con la inflación basta con un par de vídeos de Évole y Afra Blanco diciendo “no a los precios caros”. Pero el progresismo se mueve en lo puramente decorativo. Estos genios salen de casa de un día de tormenta y en vez de coger el paraguas prefieren un cartel de “no a la lluvia”. Así nos va.

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Escrito el 07/03/2026
Octavio Cortés