La final de la Copa Africana de Naciones (CAN) 2025 entre Marruecos y Senegal no fue un partido de fútbol, sino un espectáculo de vergüenza y manipulación. A pesar de evidentes ayudas arbitrales a favor de los anfitriones, Marruecos cayó 1-0 en la prórroga ante un Senegal heroico, con un gol de Pape Gueye que expuso la fragilidad marroquí. Este fracaso no solo humilla a un equipo que dependía de favores externos, sino que pone en jaque la capacidad de Marruecos para coorganizar el Mundial 2030 con España y Portugal. ¿Puede un país incapaz de manejar su propio torneo continental aspirar a un evento global sin repetir estos escándalos?
El caos estalló en el minuto 93, cuando el árbitro anuló un gol legítimo de Ismaila Sarr a Senegal por una supuesta falta inexistente de Abdoulaye Seck sobre Achraf Hakimi, sin siquiera consultar el VAR. «Le anularon un gol a 5 del final a Senegal y le dieron un penal a Marruecos sobre el final del adicionado. Es un escándalo», denunció un usuario en X, destacando la doble vara arbitral. Minutos después, en el 98, el congoleño Jean-Jacques Ndala concedió un penalti dudoso a Marruecos tras una jugada entre El Hadji Malick Diouf y Brahim Díaz, lo que provocó que los senegaleses abandonaran el campo en protesta durante 14 minutos.
Esta decisión arbitral, calificada como un «robo histórico» por observadores, desató peleas en las gradas y expuso un patrón de favoritismo hacia Marruecos a lo largo del torneo. «El problema es que Marruecos lleva toda la copa África recibiendo ayudas arbitrales y el gol anulado a Senegal hoy es una muestra más», afirmó otro analista en redes. Equipos como Camerún y Mali ya habían protestado por penaltis ignorados y simulaciones no sancionadas. Incluso, un periodista señaló irregularidades en la designación de árbitros, con Marruecos apelando para cambiar referees en fases previas.
Brahim Díaz, estrella del Real Madrid y máximo goleador del torneo, falló el penal con un ‘Panenka’ ridículo que Édouard Mendy atajó fácilmente. «Brahim Díaz, zurdo natural, decide lanzar el penalti con la pierna derecha… y además intenta una Panenka. ¿Qué se le pasó por la cabeza?», cuestionó un experto en X, resumiendo la ineptitud marroquí pese al regalo arbitral. Senegal, en cambio, demostró resiliencia y se llevó el título en la prórroga.
A esto se suma la denuncia de Senegal por maltrato organizativo: «Hemos estado hacinados», declararon fuentes senegalesas, acusando a Marruecos de trato discriminatorio y condiciones precarias antes del partido. El seleccionador Pape Thiaw enfatizó: «Lo que pasó ayer a nuestra llegada a Rabat fue anormal», en una rueda de prensa que terminó en gresca. Estas acusaciones no son aisladas; revelan negligencia logística que empaña la imagen de Marruecos como anfitrión.
En el debate de ideas, algunos defienden a Marruecos alegando que las protestas senegalesas fueron «vergonzosas» y podrían acarrear sanciones. Sin embargo, esta postura ignora el contexto de injusticia acumulada. «No hay por dónde agarrar el arbitraje en África», sentenció un comentarista, aludiendo a la corrupción en la CAF. Otro post resume: «Anulan gol a los visitantes por falta inexistente; después señalan penalti dudoso a favor de los marroquíes». Rechazamos la narrativa victimista marroquí; urge un escrutinio internacional para evitar que el Mundial 2030 se convierta en un circo similar, perjudicando a socios como España.
Marruecos debe probar su madurez organizativa antes de un Mundial; de lo contrario, el evento podría verse manchado por escándalos que afecten a todos los coanfitriones.