Otro lío de Pere Navarro

Escrito el 15/01/2026
Equipo NE

En el último giro de esta tragicomedia vial, Pere Navarro, director de la DGT, insiste en imponer la baliza V-16 como si fuera el invento del siglo. En un país ahogado por normativas, ¿necesitamos realmente una lucecita conectada que dure menos que un atasco madrileño? Pere Navarro, no contento con imponer este dispositivo, ahora amenaza con expulsar a todos los vehículos privados de los centros urbanos. ¿nuevo asalto a la libertad individual? Según han publicado medios como La Razón, Navarro avisa: «Al centro de la ciudad no vas a ir ni con eléctrico, ni con diésel ni con gasolina». Esta declaración, hecha en un evento reciente, revela una agenda que prioriza el control burocrático sobre las necesidades reales de los conductores.

La baliza V-16: Un dispositivo recaudatorio que no convence a nadie

Navarro insiste en la obligatoriedad de la baliza V-16, amenazando con multas desde el 1 de enero de 2026. «En estos momentos si tú paras por una avería o un incidente y no colocas la V-16, te van a denunciar», declaró en una entrevista. Sin embargo, esta lucecita de 30 minutos de duración es más un capricho que una solución efectiva, como denuncian expertos y ojo que si usas marcapasos como ya os contamos ayer, pueden afectarlo. Vamos, un sacadinero que encima puede afectar no solo a tu bolsillo sino a tu seguridad y tu salud.

El ridículo alcanzó su cima en un vídeo viral donde el propio Navarro intenta colocar la baliza de forma confusa, generando memes y dudas. «Las redes sociales estallan al ver que el director de la DGT no coloca con claridad la baliza V16: ‘Inepto'», tituló MARCA. Exagentes de la Guardia Civil la tachan de «ineficaz y solo un sacacuartos» ¿Por qué reemplazar triángulos probados por un dispositivo que falla en visibilidad diurna y nocturna?

Nuevo frente: la guerra contra el coche privado en ciudades

No satisfecho con la baliza, Navarro escala su cruzada contra la movilidad individual. En declaraciones recogidas por múltiples medios, afirma que «el problema de la movilidad en las ciudades es un problema de espacio», y que «mover cada día el coche para transportar a una sola persona es un lujo». Su visión: prohibir todos los vehículos privados en centros urbanos de ciudades con más de 50.000 habitantes, obligando a usar transporte público, taxis o VTC como Uber y Cabify. «Los coches en un futuro serán compartidos o no serán», sentencia.

Esta medida, efectiva desde el 1 de enero de 2026 en Zonas de Bajas Emisiones (ZBE), afecta a 149 municipios y a casi la mitad de la población española. Navarro rechaza incentivos para eléctricos en centros, argumentando que no resuelven la congestión. Pero, ¿utopía intervencionista? Fuentes como Libertad Digital desmontan su discurso: no hay un problema real de espacio, sino una manía por enfrentar personas y coches.

Estas políticas ignoran la realidad de millones de trabajadores que dependen del coche por falta de alternativas eficientes, parece ser que el plan es «desplazar al vehículo privado de los entornos urbanos». Ir en coche propio no es lujo, sino necesidad para quienes viven lejos o tienen horarios inflexibles.

El debate pendiente: ¿seguridad o asfixia regulatoria?

Navarro defiende que «el objetivo no es multar, es una mejora en la seguridad vial» para la baliza, y extiende su lógica a ciudades, donde ve el coche solo como lujo. Pero, ¿por qué no invertir en infraestructuras en lugar de prohibiciones? Esta visión intervencionista, típica de enfoques estatistas, choca con principios liberales que defienden la elección individual. ¿Veremos a Pedro Sánchez en metro yendo al congreso por no poder usar su coche oficial?

En conclusión, los «líos» de Navarro iluminan una DGT más enfocada en control que en soluciones prácticas. Es primordial priorizar la libertad y eficiencia sobre caprichos burocráticos.