El Ministerio de Igualdad, bajo la dirección de la socialista Ana Redondo, ha publicado un informe que no solo defiende el uso del hiyab en las aulas españolas, sino que señala y estigmatiza públicamente a los colegios que lo prohíben. Este documento, titulado ¡Con eso no!: Discriminación de las jóvenes musulmanas con hiyab en el sistema educativo, representa un asalto directo a los principios de secularidad y igualdad que deberían regir nuestra sociedad.
Lejos de promover la liberación femenina, este texto gubernamental parece bendecir una prenda que, para muchos, simboliza la sumisión y el control patriarcal. ¿Estamos ante un acto de progresismo mal entendido o ante la capitulación ante presiones culturales ajenas a nuestra tradición?
El contenido del informe: una defensa controvertida
El informe, elaborado por el Instituto de las Mujeres, argumenta que las prohibiciones del hiyab se sustentan en la «islamofobia», descrita como «una forma de racismo culturalista contra las personas musulmanas o percibidas como tales». Rechaza los motivos de los centros educativos, como la uniformidad o la preservación del entorno escolar, y los califica de discriminatorios. Alegan que estas medidas generan «trayectorias educativas interrumpidas» y abandonos escolares.
Pero, ¿es esto realmente discriminación o una defensa legítima de la neutralidad en el espacio público? El texto va más allá: documenta casos concretos, como prohibiciones durante prácticas en residencias de ancianos, hospitales o exámenes, y recomienda revisar reglamentos para incorporar la «libertad religiosa». En esencia, el Gobierno socialista prioriza el velo islámico sobre la integración y la igualdad real de las mujeres.
Comparación con Europa: lecciones de restricciones firmes
Esta postura choca con la realidad europea, donde varios países han optado por restricciones para preservar la cohesión social. Francia, por ejemplo, prohíbe símbolos religiosos en escuelas públicas desde 2004, extendiendo la medida a la abaya en 2023. Argumentan que las aulas deben acoger a «todos los estudiantes con los mismos derechos y los mismos deberes, sin discriminación ni estigmatización».
Austria veta el velo integral en espacios públicos desde 2017 y planea prohibiciones en colegios para menores de 14 años, con multas de hasta 1.000 euros por incumplimientos. Estos ejemplos ilustran que proteger la laicidad no es islamofobia, sino un baluarte contra el extremismo.
En España, sin una ley estatal clara, el vacío legal permite que centros educativos veten prendas culturales bajo sus normativas internas. Sin embargo, el informe busca revertir esto, ignorando que «prohibir el velo a niñas y adolescentes en la escuela sin causa suficientemente justificada proyecta sobre ellas la carga del rechazo». ¿No es precisamente el hiyab lo que proyecta sumisión?
Críticas y debate político en España
Las críticas no faltan. En marzo de 2025, el aumento de vetos al hiyab en escuelas reavivó el debate sobre la islamofobia, con propuestas para que el Estado prohíba tajantemente su uso en aulas.
Incluso el Sindicato de Estudiantes, que ha recibido más de 441.000 euros del Gobierno, se ha manifestado a favor del hiyab mientras pide prohibir la religión católica en escuelas. Esto huele a hipocresía: mientras se ataca la tradición cristiana, se defiende una prenda que en países como Irán es impuesta bajo pena de muerte.
En Parla, dos ciudadanas enviaron una propuesta al Congreso para regular el hiyab en educación y el burka en públicos, denunciando «las campañas del Ministerio de Igualdad de España que promueven y defienden el uso del velo». El PP y Vox valoran esta iniciativa, reconociendo que «es intolerable que este gobierno, mientras denuncia la imposición del velo en otros países, lo defienda en España bajo el pretexto de la diversidad cultural».
Libertad religiosa vs. igualdad de género
El debate ideológico es ineludible: ¿debe la libertad religiosa primar sobre la igualdad de género? Para el informe, las mujeres musulmanas son vistas como «personas sumisas y sin agencia, dominadas por el islam, religión a la que se presenta como monolítica y esencialmente irracional, violenta y misógina».
Pero esta visión ignora que el hiyab, en contextos radicales, es herramienta de control. En Europa, normativas restrictivas como las de Bélgica o Países Bajos demuestran que equilibrar diversidad y cohesión es posible sin ceder a presiones islamistas. España, con su herencia católica y laica, no puede permitirse esta rendición cultural. El Ministerio, en lugar de señalar colegios, debería combatir la verdadera opresión: la que obliga a las mujeres a cubrirse.