Vídeo: hombre se declara mujer trans y musulmana, la policía ya no puede sancionarle
En Portsmouth, Inglaterra, una manifestación antiinmigración ha desvelado la desigualdad e inferioridad para los no musulmanes.
Un manifestante británico se declara “mujer trans convertida al islam” para burlar la prohibición de cubrirse el rostro
En Portsmouth, Inglaterra, una protesta antiinmigración del 12 de septiembre de 2026 dejó una escena que resume las contradicciones de ciertas normas europeas. La policía de Hampshire aplicó nuevas facultades de la Crime and Policing Act para prohibir cubrirse el rostro en la zona de la manifestación, con el objetivo de evitar el anonimato y posibles desórdenes.
Un participante apareció vestido con un niqab negro. Ante la oficial que le exigía explicaciones, declaró que se estaba convirtiendo al islam y que era mujer trans, concretamente “gender fluid”. Según el relato difundido, pretendía ampararse en la excepción religiosa prevista para prendas como el burka o el niqab.
La ley británica permite a la policía designar zonas sin máscaras durante protestas. Existe, no obstante, una defensa posterior si el cubrimiento se justifica por motivos religiosos, sanitarios o laborales. Esa salvedad, pensada en parte para no interferir con prácticas musulmanas, genera un resquicio que el manifestante intentó explotar combinándola con la identidad de género.
El episodio resulta grotesco precisamente por eso.
Mientras a los protestantes se les exige mostrar el rostro para garantizar el orden público, una excepción pensada para “respetar la diversidad” permite, al menos en teoría, que alguien se cubra alegando conversión y autoidentificación. El hombre, de 76 años y vecino de Southampton, acabó detenido por ocultar su identidad, pero la escena ya había ilustrado el punto.
Este tipo de normas, extendidas en varios países europeos bajo el discurso de la inclusión y la no discriminación, terminan produciendo asimetrías evidentes. Se restringe el anonimato a unos mientras se mantiene un trato diferenciado para determinadas expresiones religiosas. El resultado no es coherencia jurídica, sino un sistema en el que la excepción se convierte en invitación al ridículo. La protesta de Portsmouth no inventó el problema: solo lo filmó.
Pero después, en el segundo vídeo que adjuntamos se plantea la dicotomía sobre el arresto, atentos.