Vídeo: sujetada del brazo y sacándosela delante suya. Denuncian agresión sexual en Ceuta
Una ceutí denuncia en vídeo una presunta agresión sexual el sábado noche: la sujetó del brazo, se bajó el pantalón y huyó hasta Independencia
Una mujer ceutí ha denunciado una presunta agresión sexual en Ceuta ocurrida sobre las 22:30 del sábado en el centro, entre Jáudenes y Gran Vía. El hombre presuntamente la sujetó del brazo, se bajó los pantalones y se tocó los genitales; su pareja lo persiguió hasta Independencia y lo redujo hasta que llegó la Policía. La Fiscalía califica los hechos como delito de agresión sexual.
El relato no ocurre en un descampado ni a deshora en un barrio periférico. Ocurre a las 22:30 de un sábado, con la hostelería llena, en el trayecto entre la calle Jáudenes y la Gran Vía. Una ceutí iba a una celebración. Su pareja la acompañaba hasta el coche, unos metros atrás. Delante, un hombre insistió: «Ven, ven, amor, ven, amor». Ella siguió. Él la agarró del brazo, se bajó presuntamente los pantalones y comenzó a tocarse los genitales sin soltarla. Así consta la agresión sexual en Ceuta en la denuncia recogida por El Faro de Ceuta.
El Ejecutivo de Pedro Sánchez y el PP que pacta con él en tantas mesas siguen vendiendo «normalidad» en una ciudad que lleva semanas fuera de control. Ni el Ministerio del Interior ni el discurso oficial de «inseguridad subjetiva» explican que una mujer no pueda cruzar el centro un sábado sin que un desconocido, en aparente embriaguez y mezclando árabe y español, la inmovilice para exhibirse.
El acoso en Jáudenes y Gran Vía acabó en exhibición
La denunciante ignoró las llamadas. El individuo no se limitó a seguirla: la sujetó del brazo y, a continuación, se bajó la ropa y se tocó mientras la retenía. Ella intentó zafarse. Fue entonces cuando llegó el acompañante.
El hombre, según el testimonio, golpeó a la pareja en el pecho y echó a correr. La mujer avisó al 112. La persecución recorrió varias calles del centro hasta la calle Independencia. En un tramo, el huido se topó de nuevo con ella, la creyó sola y volvió a bajarse los pantalones. El compañero lo alcanzó, lo derribó en la acera frente a la playa y lo retuvo. Varios vecinos vieron la escena. Un agente de la Policía Local que estaba en la zona intervino hasta que una dotación de la Policía Nacional lo detuvo.
Persecución hasta Independencia y la intervención policial
No hizo falta un operativo especial. Hizo falta que un ciudadano persiguiera a un exhibicionista por el centro y que un local de paisano o de servicio casual lo sujetara. Ese es el estado real de la ciudad que Moncloa describe como gestionada.
La misma noche, mujer y pareja acudieron a denunciar. El domingo declararon ante el juzgado. Ambos fueron examinados por una forense: ella como víctima de la agresión sexual; él, como denunciante de la agresión sufrida al intervenir. El detenido permanece en prórroga de la detención. El asunto pasa al Juzgado de Instrucción número 4 de Ceuta.
La Fiscalía ve agresión sexual en Ceuta y ella ya no se siente segura
«Durante el procedimiento la Fiscalía consideró que los hechos eran constitutivos de un delito de agresión sexual», relató la víctima a El Faro. No es un titular de barra: es la calificación que, según su testimonio, aplicó el ministerio público.
La ceutí sigue afectada. Se declara «nerviosa» y «saturada» por lo ocurrido y por la situación que se vive estas semanas en Ceuta. «Afortunadamente, mi pareja estaba conmigo», dijo. Y añadió la frase que debería avergonzar a quien gobierna la frontera: «Ya no puedo salir ni con pareja».
Vecinos le contaron después que el mismo hombre habría increpado a otras mujeres aquella tarde. Nadie más, que ella sepa, denunció ni avisó. El silencio previo no es consentimiento: es el miedo que deja una ciudad sin autoridad visible.
La izquierda convertirá esto, si puede, en otro "caso aislado". El PP pedirá «coordinación». Ninguno de los dos ha devuelto a Ceuta la certeza de que una mujer puede cruzar Gran Vía un sábado sin que un extraño la sujete para masturbarse en la calle. Las diligencias siguen. El miedo, también.