Los indignantes vídeos de Pedro Sánchez y Yolanda Díaz mientras España colapsa
El Presidente del Gobierno y la Ministra de Trabajo, es su total desconexión con España, hablan de películas y cómo presionar a los empleadores a través de sindicato
Mientras un joven de 20 años muere tiroteado a plena luz del día en el centro de Málaga —el tercero en diez días, según las crónicas policiales— y Ceuta sigue colapsada por miles de llegadas irregulares desde finales de julio, el presidente del Gobierno y la ministra de Trabajo publican vídeos de TikTok que parecen de otro planeta.
Pedro Sánchez se sienta en un sofá elegante y recomienda La bola negra, la película de Javier Calvo y Javier Ambrossi seleccionada en Cannes que se estrena el 25 de septiembre. Habla de La piedra oscura, de Alberto Conejero, y hasta pone de fondo a Camarón de la Isla. Es un vídeo cultural, pulido, de presidente que recomienda cine español. Nada que objetar si el país no estuviera en otra conversación.
Yolanda Díaz, por su parte, celebra que los trabajadores de Blizzard hayan ratificado un contrato sindical “histórico” con más indemnización y anima a organizarse. Menciona los despidos en Rockstar Games tras el intento de sindicalizar a los desarrolladores de GTA VI. El mensaje es claro: hay que sindicar, unirse y que la plantilla tenga más voz sobre lo que hace la empresa. En abstracto suena a defensa de derechos laborales. En el momento concreto suena a desconexión.
El contraste es brutal.
En Ceuta las estimaciones oficiales hablan de unos 10.000 migrantes que siguen en la ciudad autónomas semanas después de la entrada masiva; miles siguen en calles, playas y montes. La ciudad está desbordada, las mujeres con miedo a salir a la calle. En Málaga la violencia de bandas y narcos se ha instalado en barrios céntricos. Y en muchos hogares el sueldo no llega a fin de mes.
Un Gobierno no está obligado a hablar solo de crisis. Pero cuando el presidente promociona estrenos y la vicepresidenta segunda predica sindicalismo como si fuera la urgencia nacional, la sensación de que las prioridades están invertidas se hace inevitable. La gente no pide que dejen de hablar de cine o de derechos laborales. Pide que no parezca que eso es lo único que les ocupa mientras las calles de Málaga echan balas y Ceuta no da abasto.
Eso es lo que resulta ridículo: el momento y el tono. Como si la realidad de fuera del sofá y del estudio de TikTok no existiera.