Ceuta después de los Reyes: la “normalidad” que el Gobierno vende y la realidad que queda
La visita sirve al Gobierno para vender normalidad, pero la realidad es que la ciudad sigue herida y exige el retorno de quienes entraron en julio
La normalidad en Ceuta que el Gobierno de Pedro Sánchez pretende escenificar con la primera visita de Felipe VI y Letizia a la ciudad autónoma desde 2007 choca de frente con el diagnóstico que el presidente Juan Jesús Vivas ha trasladado este pasado martes a los monarcas. Mientras Moncloa presenta el desplazamiento como prueba de que la situación se encamina, Vivas ha descrito una ciudad herida, con pérdida de seguridad y una convivencia bajo presión.
La escenografía de la normalidad en Ceuta
Los Reyes han sido recibidos entre banderas españolas y cánticos de “Ceuta no se vende, Ceuta se defiende”. Han recorrido la Gran Vía, saludado desde el balcón del Ayuntamiento y recibido las llaves de la ciudad. El Ejecutivo ha reiterado que la visita demuestra que “la normalidad se está abriendo camino paso a paso”, tras los desalojos de las playas de Benítez, El Trampolín y El Guano y los más de 11.000 retornos a Marruecos registrados desde agosto, según datos de Elma Saiz actualizados este mismo día (4.432 adultos triados y 3.019 menores filiados).
Lo que permanece sin resolver
Pese a la limpieza de las playas y los retornos voluntarios, miles de personas que entraron de forma irregular los días 30 y 31 de julio siguen dispersas por barrios y montes. Vivas ha recordado que “cerca de 100.000 personas fueron utilizadas para vulnerar nuestra frontera” y ha calificado lo ocurrido como “la mayor crisis de seguridad nacional de nuestra democracia”. Los ceutíes, según el presidente, han perdido “seguridad, tranquilidad y libertad” y viven “la incertidumbre de no saber hasta cuándo”.
La ciudad ha registrado deterioro grave en seguridad, sanidad y educación, además de impacto económico y la incertidumbre de que pueda repetirse. Aunque dicen que los retornos avanzan, miles permanecen. Hospitales y colegios han absorbido sobrecarga, y muchos residentes afirman haber perdido tranquilidad cotidiana. El riesgo de quiebra de la convivencia permanece en el ambiente, como se ha recordado en declaraciones públicas de estos días.
El contraste que Vivas ha puesto sobre la mesa
Ante los Reyes, Vivas ha afirmado que “Ceuta no es la que era” y ha descrito la ciudad como “una olla a presión que, en cualquier momento, puede estallar”. Ha insistido en que la única vía para recuperar la normalidad es “el retorno a su país de todos los que llegaron, de manera masiva e ilegal, aquellos fatídicos días de julio, y aún permanecen en nuestra ciudad”.
La presencia de los Reyes y el baño de multitudes con banderas españolas muestran apoyo institucional y popular, pero no alteran por sí solos la realidad que los ceutíes arrastran desde el 30 y 31 de julio. El Ejecutivo insiste en que la normalidad se abre paso paso a paso; en la calle, sin embargo, persiste la demanda de que regresen quienes entraron de forma irregular y de que se recupere el control efectivo de la frontera y la vida diaria. La visita escenifica respaldo, pero deja intactas las consecuencias que los vecinos siguen soportando.
La visita de los Reyes a Ceuta no se parece a la de Paiporta ni a la de La Palma
En la DANA de Valencia, Felipe VI y Letizia se presentaron en Paiporta en medio del barro, los coches destrozados y el enfado de los vecinos que les lanzaron lodo y les exigieron respuestas. La imagen fue la de una Corona confrontada con la catástrofe real, no con un escenario previamente ordenado. En La Palma, durante la erupción del volcán, la visita se produjo con la lava todavía activa y los damnificados en primera línea; no se vendió como señal de que la normalidad ya había vuelto.
En Ceuta ocurre lo contrario. La ciudad ha limpiado las playas, ha retirado los asentamientos más visibles y ha preparado un recorrido institucional con baño de multitudes y entrega de llaves. La presencia de los Reyes se utiliza para reforzar el relato de que la normalidad en Ceuta se abre paso, cuando miles de personas que entraron en julio siguen dispersas por barrios y la presión sobre calles y servicios no ha desaparecido. No hay barro ni lava; hay una escenografía que permite hablar de recuperación sin abordar el control efectivo de la frontera ni el retorno masivo que los vecinos siguen demandando.
La diferencia es clara: en Paiporta y en La Palma la Corona se enfrentó a las consecuencias visibles de una crisis abierta. En Ceuta la visita llega cuando el Gobierno ya ha definido el relato de la “normalidad” y necesita una imagen institucional que lo avale. El gesto simbólico no cambia lo que viven a diario los residentes desde el 30 y 31 de julio.