El inicio de 2026 está marcado por una intensa actividad militar de Estados Unidos en Europa y por declaraciones del presidente Donald Trump que han encendido las alarmas diplomáticas. Se habla de una posible invasión de Ucrania, pero los hechos apuntan a un escenario más complejo, con Groenlandia y el Ártico como principales focos de tensión.
Despliegue militar inusual en Reino Unido y Alemania
En los últimos días, Estados Unidos ha reforzado su presencia militar en el Reino Unido. Al menos 14 aviones de transporte C-17 Globemaster III y dos AC-130J Ghostrider, aeronaves utilizadas por fuerzas de élite, han aterrizado en bases británicas como RAF Fairford, Mildenhall y Lakenheath.
Según las informaciones, estos aviones habrían transportado helicópteros de operaciones especiales, como los MH-60M Black Hawk y MH-47G Chinook. Parte de este material continuó su ruta hacia la base de Ramstein, en Alemania, uno de los principales centros logísticos de EE. UU. en Europa. Además, llegó desde territorio estadounidense un avión cisterna KC-135R, lo que sugiere preparativos para operaciones prolongadas.
Las autoridades británicas, por el momento, no han ofrecido explicaciones públicas.
Vigilancia naval y tensión en el Atlántico
A este escenario se suma un episodio poco habitual: aviones británicos y de la OTAN han seguido a un petrolero sancionado que partió de Venezuela y que recientemente cambió su bandera a rusa. Aunque el buque navega en aguas internacionales, se estudia una posible incautación, una operación legalmente compleja.
Algunas informaciones apuntan a que Reino Unido podría servir como base logística si finalmente se lleva a cabo una intervención.
¿Ucrania en el punto de mira?
Pese a la inquietud generada, no existen aún pruebas de que Estados Unidos esté preparando una invasión de Ucrania. Analistas militares consideran que los movimientos responden a tareas de disuasión, rotación de tropas y refuerzo del flanco europeo de la OTAN, en un contexto de guerra prolongada entre Rusia y Ucrania.
Groenlandia, el verdadero centro del conflicto
El foco principal de la tensión parece estar en el Ártico. Donald Trump ha reiterado que Groenlandia es una prioridad de seguridad nacional para Estados Unidos y no ha descartado el uso de la fuerza, aunque la Casa Blanca asegura que se estudian distintas vías para su control o adquisición.
Estas declaraciones provocaron una reacción inmediata en Europa. Dinamarca y el Gobierno de Groenlandia solicitaron una reunión urgente con el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, mientras el Parlamento danés celebró una sesión de emergencia. Copenhague anunció además un refuerzo militar en la isla y una mayor presencia de la OTAN en la zona.
Respuesta europea y mensajes de contención
Los líderes europeos publicaron una declaración conjunta afirmando que Groenlandia forma parte del Reino de Dinamarca y de la OTAN, y que cualquier decisión sobre su futuro corresponde exclusivamente a Dinamarca y Groenlandia.
Desde Francia, el ministro de Exteriores Jean-Noël Barrot confirmó contactos con Alemania y Polonia para coordinar una respuesta común. Barrot aseguró que Marco Rubio descartó una invasión militar de Groenlandia, en un intento de calmar la situación.
Canadá respaldó públicamente a Dinamarca, mientras que Bélgica reconoció que Europa sigue dependiendo en gran medida de Estados Unidos para su defensa.
El valor estratégico del Ártico
Groenlandia es clave por su posición en la brecha GIUK (Groenlandia-Islandia-Reino Unido), un corredor estratégico fundamental para el control del Atlántico Norte. Desde allí, la OTAN vigila los movimientos rusos y chinos mediante radares y aviones de vigilancia, en virtud del Acuerdo de Defensa de Groenlandia de 1951.
Washington busca reforzar su presencia en la región ante el aumento de la actividad rusa y china. Aunque una anexión directa se considera poco probable, un incremento de la presencia militar y de la vigilancia es un escenario muy posible.
Por ahora, Trump con el aumento de movimientos militares, la ambigüedad de la Casa Blanca y la presión sobre Groenlandia dibujan un nuevo mapa de tensiones globales.
El conflicto no parece dirigirse hacia Kiev, sino hacia el Ártico, donde Estados Unidos, Europa, Rusia y China juegan una partida estratégica que puede redefinir el equilibrio de poder en los próximos años.

