En un Hollywood cada vez más alejado del público real, los Globos de Oro 2026 no marcan una «nueva era de apertura», sino un paso más hacia el abismo ideológico. Titulares como “Los Globos de Oro 2026 certifican su nueva era con ‘Una batalla tras otra’, ‘Hamnet’ y ‘Adolescencia’ como ganadoras” son una clara evidencia del lameculismo servil de los medios que pretenden compensar la falta de talento con hinchazón artificial que evidencia la crisis de la industria que cambió el celuloide por el ridículo y la vergüenza ajena. Sólo así se puede explicar que “Una batalla tras otra” tuviese más nominaciones que “El Padrino”, por ejemplo. Este certamen, antaño emblema de glamour y talento auténtico, se ha transformado en un escaparate de corrección política donde la diversidad impuesta eclipsa cualquier atisbo de excelencia artística. La realidad es cruda: estos premios reflejan una industria que antepone agendas sociales a narrativas genuinas, alienando a millones de espectadores y hundiendo sus audiencias a niveles históricos.
Hamnet: ¿triunfo artístico o cuota de Género?
Tomemos Hamnet, la gran vencedora en Mejor Película Dramática, dirigida por Chloé Zhao, una cineasta china cuya selección parece más un gesto a la representación global que un juicio basado en el mérito puro. Esta adaptación de la novela de Maggie O’Farrell, con Jessie Buckley en el papel principal, explora temas de pérdida y resiliencia femenina en la era shakesperiana. Pero, ¿es esto verdadera innovación o mera cuota ideológica? Críticos conservadores no dudan en cuestionarlo: «Los Globos de Oro han pasado de ser criticados por falta de diversidad a exagerar tanto que el mérito se vuelve secundario», afirma un análisis que resuena con la caída de ratings en ediciones «woke» previas. Fuentes como el Los Angeles Times destacan que, pese a reformas, las éticas sospechosas persisten: «Los premios volvieron del borde del escándalo, pero sus éticas sospechosas no han cambiado realmente».
Adolescencia: adoctrinamiento bajo el disfraz de entretenimiento
No menos polémica es Adolescencia, la miniserie británica de Netflix que se llevó cuatro premios, incluyendo Mejor Miniserie y Mejor Actor Joven para Owen Cooper. Vendida como un «fenómeno global», esta producción indaga en temas de juventud, identidad y desafíos sociales –un código para narrativas progresistas con representaciones LGTBQ+ y críticas al sistema educativo tradicional–. ¿Mérito genuino o adoctrinamiento? Series como esta priorizan la «corrección cultural» sobre el entretenimiento puro, ignorando al público conservador. Como detalla Vanity Fair sobre la exclusión de podcasters de derechas en la nueva categoría: «La carretera hacia el primer Globo de Oro al mejor podcast ha estado pavimentada con confusión y maniobras que levantan cejas», revelando un sesgo ideológico claro. Otro ejemplo es la controversia con la presentadora Nikki Glaser, calificada de «woke» por atacar a CBS por su supuesto sesgo pro-Trump
Otras victorias: equilibrio artificial y exclusiones ideológicas
Incluso ganadoras como Una batalla tras otra de Paul Thomas Anderson, descrita por los medios como la «elección más conservadora», no escapan al escrutinio. Esta película se impuso en Mejor Película de Comedia o Musical y Mejor Dirección, pero en un panorama dominado por premios internacionales como el de Wagner Moura por El agente secreto, surge la duda: ¿es un equilibrio forzado para fingir inclusividad? La ampliación de votantes globales, lejos de revitalizar el evento, lo convierte en un instrumento para agendas globalistas que diluyen la esencia del cine estadounidense. Vergüenza y tristeza que se siente al ver a Sean Penn en el personaje más ridículo de su carrera; contemplar la exaltación de antifas desquiciados, inmersos en el sinsentido de su “lucha”. El absurdo de la “cinta” (archivo) en sí misma es ya tan ridículo casi, como los diálogos de la protagonista.
Por otro lado, la marginación de figuras conservadoras es evidente, como en la categoría de podcasts donde se excluyeron a Megyn Kelly y Joe Rogan, generando críticas por «virtud señalada selectiva».
El declive de Hollywood: ¿premios al arte o a la ideología?
Otros aspectos para seguir riendo son el campo de la animación, con “Las Guerreras K-Pop” como ganadoras, ignorando a “Demon Slayer: Castillo Infinito” y a los 315 millones que recaudó sólo en su estreno. En esencia, los Globos de Oro 2026 no honran el arte, sino que imponen una visión ideológica que divide y acelera el declive de Hollywood. Es momento de debatir: ¿deseamos premios que reconozcan excelencia universal o un eco de dogmas woke que alienan al público? Los Globos de Oro ya no tienen nada que decir. Son como la fiesta del 8º cumpleaños de Noah o Mika, con su madre ordenando al resto de niños que hay que dejar ganar a su hijo porque es su día especial. Vergüenza es poco

