Marruecos intenta ganar en los despachos lo que no pudo ganar en el campo

Escrito el 20/01/2026
Equipo NE

En un giro que roza lo grotesco, Marruecos, el anfitrión caído en desgracia de la Copa África 2025, busca revertir su humillante derrota ante Senegal no con balones, sino con denuncias y papeleo ante la FIFA y la CAF. Lo que debería haber sido una celebración del fútbol africano se convirtió en un circo de trampas, violencia y excusas baratas, donde los ‘Leones del Atlas’ intentaron todo menos jugar limpio. Pero, ¿es esto un patético intento de robar una victoria que Senegal se ganó a pulso? Analicemos los hechos, confrontemos las narrativas y debatamos si esta actitud no revela un patrón de conducta que pone en jaque la integridad del deporte.

El partido final, disputado el 18 de enero de 2026 en Rabat, terminó con un 1-0 para Senegal en la prórroga, gracias a un golazo de Pape Gueye. Sin embargo, el verdadero espectáculo no estuvo en el césped, sino en las artimañas que precedieron y siguieron al pitido final. Según reportes detallados, los recogepelotas marroquíes, apoyados por el mismísimo Achraf Hakimi, intentaron robar violentamente la toalla del portero senegalés Edouard Mendy, un acto que escaló en una tangana entre jugadores. El portero suplente Yehvann Diouf frenó los ataques de los recogepelotas y miembros de la organización. Este no fue un error aislado: imágenes virales muestran a Hakimi, ex del Real Madrid, liderando el asalto, lo que provocó confrontaciones físicas y dejó al mundo del fútbol boquiabierto.

Pero la polémica no termina ahí. El arbitraje, calificado de «vergonzoso» por la mayoría de observadores, favoreció descaradamente a Marruecos. En el minuto 92, se anuló un gol legítimo de Senegal por una falta inexistente sobre Hakimi, y en el 94, se pitó un penalti dudoso por un leve contacto con Brahim Díaz. Brahim falló el lanzamiento con un ‘panenka’ flojo, detenido por Mendy, pero no antes de que Senegal amenazara con abandonar el campo en protesta. «Paremos todo y que se les dé la copa directamente a los marroquíes», ironizó el periodista Grégory Schneider en L’Équipe, según cita El Confidencial. Senegal regresó, impulsado por Sadio Mané, quien convenció a sus compañeros: «Vamos a jugar como hombres». Y ganaron, demostrando resiliencia ante un sistema que parecía diseñado para su fracaso.

Ahora, en lugar de aceptar la derrota con dignidad, Marruecos ha elevado una denuncia formal ante la FIFA y la CAF, acusando a Senegal de amenazar con retirarse y exigiendo, implícitamente, una revisión del resultado. La federación marroquí argumenta que el partido no debería haber continuado tras la protesta senegalesa. ¿no huele a revanchismo? France 24 reporta que Senegal ya había denunciado fallas en la seguridad y alojamiento inadecuado antes de la final, exponiendo a sus jugadores a riesgos innecesarios en Rabat. «No hemos hecho trampa», defendió Pape Gueye post-partido, en declaraciones recogidas por Mundo Deportivo, contrastando con las «artimañas» marroquíes que incluyeron hasta invasiones de campo por parte de aficionados.

Este episodio no es aislado; revela un debate mayor sobre el poder en el fútbol. ¿Por qué Marruecos, coorganizador del Mundial 2030 con España y Portugal, recibe el premio al Fair Play de la CAF pese a estos escándalos? El Confidencial lo califica de «irónico», sugiriendo influencias que trascienden el deporte. Fuentes como TyC Sports destacan el «escándalo absoluto» cuando Senegal abandonó temporalmente el campo, pero argumentan que fue una respuesta legítima a un arbitraje sesgado. En redes, el eco es similar: un tuit de Carrusel Deportivo resalta la «vergüenza» previa al partido, con Senegal denunciando falta de seguridad. Otro de TV Azteca Deportes habla de «escándalo en África» por las denuncias senegalesas.

¿Aceptamos que países con recursos usen despachos para anular méritos deportivos? Senegal, con menos glamour pero más coraje, expone las desigualdades. Marruecos, en cambio, parece priorizar la victoria a cualquier costo, un patrón que choca con los valores conservadores de honor y competencia leal que defendemos en España. Si el fútbol es un espejo de la sociedad, este espejo refleja mucha hipocresía.