
Indignante: otra ley de género que perjudica directamente a los hombres. Ley de Violencia Vicaria
La Ley de Violencia Vicaria aprobada por el Consejo de Ministros parece perpetuar un enfoque ideológico que señalaría exclusivamente a los hombres como agresores, mientras las cifras de suicidios entre varones continúan en ascenso sin que las políticas públicas ofrezcan respuestas. Esta norma, impulsada por los ministerios de Igualdad, Juventud e Infancia y Justicia, redefine el maltrato infantil en el marco de la “violencia de género” de manera sesgada, profundizando en una visión que discrimina por sexo y deja de lado la protección integral de los menores.
En un contexto donde las estadísticas revelan un aumento preocupante de suicidios masculinos, esta ley representa un nuevo paso en la agenda que prioriza narrativas de género sobre la equidad y la evidencia. “La ley no contempla como violencia vicaria los casos en los que una madre pudiera maltratar o asesinar a sus hijos con la finalidad de perjudicar al padre”, según el propio texto normativo, lo que genera un vacío evidente que cuestiona su imparcialidad.
Una norma que estigmatiza al padre por defecto
La Ley de Violencia Vicaria establece que esta forma de violencia es ejercida por un hombre contra los hijos o el entorno de una mujer para causarle el mayor daño posible. Esta definición excluyente ignora realidades documentadas donde ambos progenitores pueden instrumentalizar a los menores en disputas de custodia. Al centrar toda la regulación en el padre o expareja como único posible agresor, la norma consolida un prejuicio institucional que ya se observa en otras leyes de género impulsadas por gobiernos de izquierda.
La protección de los menores debe ser universal, sin importar el sexo del progenitor. Desde 2013 habrían fallecido decenas de menores en contextos de violencia, pero la respuesta legislativa se limita a reforzar estereotipos en lugar de abordar las causas profundas de los conflictos familiares. Esta ley modifica el Código Civil para priorizar la escucha de los menores en custodias, pero siempre bajo el prisma de asumir culpabilidad masculina previa.
En paralelo, políticas similares han demostrado su ineficacia al no reducir la conflictividad familiar y sí generar indefensión en muchos padres. Un análisis equilibrado exige debatir si este marco legal contribuye a la alienación parental y al deterioro emocional de los hombres, factores que alimentan el aumento de suicidios.
Al reconocer “exclusivamente a los hombres como causantes”, se abandona cualquier pretensión de neutralidad jurídica.

El silencio ante la crisis de suicidios masculinos
Mientras se aprueba esta legislación, las estadísticas de suicidios entre hombres en España siguen reflejando una emergencia silenciada. Datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) y análisis independientes muestran que los varones representan aproximadamente el triple de casos mortales por suicidio en comparación con las mujeres. En años recientes, la tasa ha experimentado incrementos notables, especialmente entre jóvenes y adultos en situaciones de vulnerabilidad económica o familiar.
Expertos vinculan parte de este drama a la falta de apoyo en procesos de separación, la estigmatización social y la dificultad para acceder a recursos adaptados a las necesidades masculinas. “Los hombres tienden a utilizar métodos más letales y buscan menos ayuda emocional”, destacan informes como los publicados en The Conversation, que subrayan diferencias de conducta sin caer en simplificaciones.
La Ley de Violencia Vicaria llega en este contexto sin medidas específicas para mitigar el impacto psicológico en padres separados o cuestionados por sistemas sesgados. En lugar de promover conciliación y apoyo integral, se profundiza en un discurso que puede agravar sentimientos de culpa y aislamiento. Esta contradicción evidencia el fracaso de las políticas de izquierdas, que priorizan cuotas ideológicas sobre la vida de los hombres españoles.
Es urgente confrontar esta realidad: el aumento de suicidios no es un dato aislado, sino el resultado de un modelo social que margina a los varones en nombre de una supuesta igualdad que resulta discriminatoria.

Equidad frente a ideología
La aprobación de la norma reabre el cuestionamiento sobre el concepto de violencia vicaria. El Gobierno defiende que responde a una modalidad específica dentro de la violencia de género, pero detractores exigen que la ley proteja a cualquier menor instrumentalizado, independientemente del sexo del agresor. Negociaciones previas retrasaron el texto por discrepancias en patria potestad y regímenes de visitas, aspectos que finalmente se ajustaron sin resolver el sesgo central.
Esta aproximación contrasta con principios básicos de justicia. Buscar otras fuentes, como informes independientes sobre dinámicas familiares, refuerza la necesidad de un marco legal que no presuponga culpabilidad por género. Resulta evidente que continuar por esta senda solo alimenta polarización y no protege eficazmente a los niños.
La izquierda, tanto nacional como en sus variantes internacionales, insiste en estas fórmulas pese a evidencias de desequilibrios. Frente a ello, una visión sensata reclama equilibrio: proteger a las víctimas reales sin fabricar culpables colectivos. La protección legal debería abarcar igualmente cualquier caso.

