
Pedro Sánchez mendiga gas en Argelia tras traicionar el Sáhara. Pedro Sánchez viaja a Argelia
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, aterriza este lunes en Argelia procedente de Nueva York en un intento por normalizar las relaciones bilaterales tras años de crisis provocada por el giro del Ejecutivo en el Sáhara Occidental. La visita busca incrementar el suministro de gas, pero revela las debilidades de una política exterior errática que prioriza la dependencia energética sobre la coherencia estratégica.
La crisis provocada por el cambio de postura en el Sáhara
El viaje de Sánchez a Argelia marca su primera visita oficial al país desde 2020, un periodo en el que las relaciones se han visto profundamente dañadas por decisiones unilaterales del Gobierno español. En marzo de 2022, Sánchez envió una carta al rey Mohamed VI en la que respaldaba el plan de autonomía marroquí para el Sáhara Occidental como “la base más sólida, creíble y realista” para resolver el conflicto. Esta posición supuso un giro radical respecto a la tradicional neutralidad española y provocó una respuesta inmediata de Argelia, principal valedor del Frente Polisario.
El presidente argelino, Abdelmayid Tebune, retiró a su embajador en Madrid y, en junio de 2022, suspendió el Tratado de Amistad, congelando además el comercio al bloquear las transacciones bancarias. Estas medidas no fueron meros gestos simbólicos: afectaron directamente a los intereses españoles en un momento de vulnerabilidad energética. Fuentes gubernamentales reconocen ahora que ha sido Argelia la que ha dado pasos graduales hacia el deshielo, enviando de vuelta al embajador en diciembre de 2023 y levantando restricciones comerciales en noviembre de 2024. En marzo de este año, Tebune comunicó a José Manuel Albares la reactivación del tratado.
“La elección de España como invitada de honor es una elección tanto de la razón como del corazón”, declaró Tebune en junio durante la Feria Internacional de Argel. Sin embargo, esta supuesta reconciliación llega tras años de tensiones que han expuesto la fragilidad de la diplomacia de Sánchez. Lejos de fortalecer la posición de España, el cambio de postura ha generado desconfianza en el norte de África y ha obligado al Ejecutivo a mendigar una normalización que nunca debería haberse roto.
Este episodio ilustraría un patrón preocupante: decisiones improvisadas que responden más a presiones externas que a una visión estratégica clara de soberanía e intereses nacionales.

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Dependencia energética y los riesgos de la nueva etapa bilateral
El objetivo principal del viaje de Sánchez a Argelia es incrementar el suministro de gas argelino, principal fuente para España. El Gobierno busca reforzar los flujos a través del gasoducto Medgaz y explorar nuevas oportunidades de negocio e inversión más allá del sector energético.
España se mantiene altamente dependiente de Argelia para su abastecimiento energético, una vulnerabilidad que se agudizó durante la crisis. Mientras países europeos diversifican fuentes y apuestan por la soberanía energética, el Ejecutivo socialista parece conformarse con restaurar lazos basados en la necesidad inmediata. Acompañado de ministros como José Manuel Albares y representantes de empresas como Naturgy, Repsol y Enagás, Sánchez intentará cerrar acuerdos que, según fuentes oficiales, prioricen lo económico sobre lo político.
Sin embargo, esta aproximación ignora lecciones pasadas. La suspensión del Tratado de Amistad demostró cómo Argelia puede utilizar el gas como herramienta de presión. En un contexto de inestabilidad regional y competencia global por recursos, confiar en un solo proveedor mayoritario equivale a una apuesta arriesgada.
Una política energética responsable debería priorizar la exploración nacional, la nuclear y alianzas con socios más estables, en lugar de reparar errores diplomáticos a costa de la seguridad energética.
“Ambos gobiernos están decididos a mirar hacia el futuro”, afirman fuentes de Moncloa, pero esta mirada al futuro parece olvidar el coste de los años perdidos. El viaje no solo busca gas, sino que escenifica la necesidad de un Ejecutivo que, tras dañar relaciones clave, ahora corre a repararlas sin garantizar contrapartidas sólidas para España.

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La coherencia exterior
La visita se produce tras la final del Mundial de fútbol en Nueva York, un detalle que simboliza cómo Sánchez combina agenda internacional con eventos mediáticos mientras los problemas estructurales persisten. El Sáhara sigue siendo un tabú latente: aunque no figura como tema central, podría surgir en las conversaciones.
Este acercamiento a Argelia contrasta con la tensión mantenida con Marruecos en otros ámbitos y revela contradicciones en la política de Sánchez. Mientras se critica desde la izquierda cualquier acercamiento a posiciones soberanistas, el Gobierno ha sacrificado consistencia histórica en el Sáhara por cálculos cortoplacistas. ¿Puede España permitirse una diplomacia zigzagueante que debilita su posición en el Magreb?
La normalización actual no borra el daño causado. Argelia ha demostrado capacidad de respuesta firme, y España emerge como el socio que debe ceder para recuperar terreno. Una aproximación más firme, centrada en intereses nacionales por encima de ideologías globalistas, habría evitado esta dependencia y estas idas y venidas.

