
“No me van a callar” La agresión a Alicia Tomás delante de sus hijos: la izquierda muda. Alicia Tomás de VOX Terrassa.
La agresión a Alicia Tomás se produjo cuando la concejal paseaba junto a su pareja y sus hijos a la salida de un centro comercial en Tarrasa. Un grupo de inmigrantes la golpeó a ella y a su compañero en presencia de los menores.
Desde las instituciones locales, el alcalde Ballart y el PSC han contribuido a un clima de señalamiento que, según la propia afectada, tiene consecuencias reales. “El clima de odio y señalamiento que Ballart y el PSC alimentan desde las instituciones tiene consecuencias. Que lo tengan claro: no me van a callar. Ni ellos ni nadie”, declaró Alicia Tomás.
Mientras tanto, quienes se presentan como defensores del feminismo y de la seguridad de las mujeres han mantenido un silencio absoluto. Ni Irene Montero ni ninguna de las voces que habitualmente se erigen en protectoras de las víctimas han condenado este ataque a una mujer que se encontraba con su familia.
La agresión a Alicia Tomás delante de sus hijos
Los hechos ocurrieron a la salida de un centro comercial. Alicia Tomás caminaba con su pareja y sus hijos cuando el grupo de inmigrantes les agredió. La violencia se desarrolló en presencia de los menores, un detalle que convierte el episodio en especialmente grave. Así ha quedó la pierna de Alicia después de la agresión

La concejal ha recibido cientos de mensajes de apoyo. En su respuesta, dejó claro que el ataque no conseguirá su objetivo: “Y a esa manada de moros que se atrevió a agredirme: no creáis que esto nos hará dar ni un paso atrás. Solo nos da más fuerza para seguir defendiendo Tarrasa y a nuestros vecinos”.
Este no es el primer intento de intimidación. En junio ya aparecieron pintadas con su nombre y la palabra “fascista”. Desde su entorno se subrayó entonces que estos actos demuestran “la falta de capacidad democrática de los autores, quienes ante la imposibilidad de rebatir las propuestas y el trabajo de la formación con argumentos recurren al señalamiento y al ataque personal”.
La agresión a Alicia Tomás confirma que el paso de las amenazas a la violencia física ya se ha producido.

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Territorios que ya no son España y el silencio del feminismo de izquierdas
Samuel, conocedor de la realidad de barrios como Ca n’Anglada, ha señalado con claridad lo que muchos vecinos viven a diario: “La agresión ha sido delante de sus hijos. Caminando por Ca n’Anglada con Alicia entendí por primera vez que había territorios en España que ya no eran España. Defender allí el mundo que construyeron nuestros abuelos te pone en la diana de la extrema izquierda y los islamistas”.
La conexión entre el clima político y la violencia no es una coincidencia. Cuando desde el Ayuntamiento se alimenta el señalamiento de quienes defienden la seguridad y la identidad local, se genera el caldo de cultivo para que grupos violentos se sientan legitimados. La misma lógica que en junio produjo las pintadas ha desembocado ahora en golpes a una mujer y su pareja delante de niños.
Resulta especialmente revelador el silencio de las voces que se presentan como feministas. Durante años han llenado portadas y redes con consignas sobre la violencia contra las mujeres. Sin embargo, cuando la víctima es una concejal que critica las políticas de inmigración descontrolada y la islamización de barrios, el silencio es total. No hay comunicados, no hay tuits de condena, no hay movilizaciones. El feminismo de izquierdas se revela, una vez más, como un instrumento selectivo al servicio de una agenda política, no de la protección real de las mujeres.
En este contexto, conviene recordar que la inseguridad y la violencia en zonas de alta concentración migratoria no son inventos. Noticias como la de un inmigrante argelino que deja en estado crítico a un español en Valencia ilustran un patrón que las instituciones de izquierda prefieren ignorar o relativizar.

Vídeo de la brutal agresión sin motivo. La víctima, Arturo, de 46 años, se encuentra entre la vida y la muerte . El agresor en prisión provisional.
La respuesta firme frente al odio institucional
Alicia Tomás ha dejado claro que no se doblegará. Su mensaje tras el ataque es de determinación: el golpe recibido solo refuerza la voluntad de seguir defendiendo a los vecinos de Tarrasa.
Lo ocurrido plantea una pregunta incómoda para quienes gobiernan: ¿hasta cuándo se tolerará que el señalamiento institucional se traduzca en violencia física? El PSC y el alcalde Ballart tienen responsabilidad política cuando alimentan un discurso que convierte a los representantes que defienden la seguridad en blanco legítimo.
La agresión a Alicia Tomás no es solo un ataque a una persona. Es un aviso de hasta dónde puede llegar la combinación de inmigración descontrolada, barrios que se desconectan de la legalidad española y un poder local que prefiere señalar a los críticos antes que proteger a los vecinos. Mientras las voces del feminismo oficial miran hacia otro lado, la realidad en las calles de Tarrasa y de tantos barrios de Cataluña sigue endureciéndose.
La respuesta no puede ser el silencio ni la relativización. La defensa de la seguridad, de la libertad de las mujeres y de la identidad de los barrios exige firmeza. Alicia Tomás la ha mostrado. Ahora falta que quienes dicen representar a la sociedad hagan lo mismo.

