La AfD y el debate sobre la regeneración democrática en Alemania
Las proyecciones muestran una sacudida electoral histórica. Según el último sondeo para la cadena ZDF, Alternativa para Alemania (AfD)...
Por Enrique J. Ortiz
¿QUÉ PROPONE REALMENTE SU PROGRAMA?
El estado federado de Sajonia-Anhalt se ha convertido en el principal termómetro de la política alemana. Con unos 1,8 millones de ciudadanos convocados a elegir su nuevo Parlamento regional, las proyecciones muestran una sacudida electoral histórica. Según el último sondeo de Forschungsgruppe Wahlen para la cadena ZDF, Alternativa para Alemania (AfD) lidera con un 41% de la intención de voto, situándose 18 puntos por encima de la Unión Cristianodemócrata (CDU), que cae al 23%. Es un giro radical frente a 2021, cuando la CDU obtuvo el 37,1% frente al 20,8% de la AfD.
Este crecimiento ha polarizado a la sociedad. Por un lado, entre 10.000 y 15.000 personas se manifestaron en Magdeburgo bajo el lema "Una Sajonia-Anhalt abierta al mundo" para defender la democracia parlamentaria tradicional, contando con políticos de izquierda y Los Verdes, además de la escritora y superviviente del Holocausto Henriette Kretz. Por otro lado, la AfD cerró campaña respaldando a su candidato regional Ulrich Siegmund, con figuras nacionales como Alice Weidel y Tino Chrupalla proclamando que son "la fuerza del futuro" y pronosticando victorias federales a más tardar en 2029.
Frente al discurso dominante que califica a la derecha alternativa de "peligro ultra" o "nazi", los defensores de la AfD sostienen que tales etiquetas son una campaña de desprestigio del establishment. Aseguran que su programa plantea una profunda regeneración de las instituciones frente a una democracia que consideran "secuestrada" por un cártel de partidos y políticos profesionales, lo que en España llamamos la partitocracia.
Para comprender a la AfD, es necesario analizar su fundación. De forma similar a la relación entre VOX y el PP en España, sus fundadores provenían de las filas de la CDU. El motor inicial fue el euroescepticismo derivado de la Gran Recesión [22]. Amplios sectores de los países del norte se negaron a financiar la deuda originada en los estados del sur (llamados despectivamente "PIGS"). Los fundadores definieron al euro como un proyecto político que ignoraba las leyes del mercado. Afirmaban que fijar tipos de interés y de cambio uniformes en 1999 privaba a los estados de correctivos como la devaluación y la revalorización monetaria. Esta rigidez, sostienen, limitó el crecimiento al impedir compensar las diferencias de productividad.
Esa discusión ya ha pasado, pero está claro que con esa crítica acertaron de pleno.
Este descontento financiero se mantiene con la crítica al reparto de los fondos europeos Next Generation, donde España e Italia reciben más del 55%. Teniendo en cuenta que Alemania aporta al presupuesto común más de dos veces y media lo que aporta España, los simpatizantes del partido denuncian que se obliga al contribuyente germano a costear desequilibrios ajenos, violando el orden legal bajo el pretexto de salvar la divisa común. Este marco económico, sumado a las políticas de acogida de asilo automático desde mediados de la pasada década, canalizó el malestar ciudadano hacia su propuesta soberanista.
Frente a las denuncias de autoritarismo, el preámbulo de su programa define a sus miembros como "Liberales y Conservadores", "Ciudadanos Libres" y "Demócratas convencidos". Reivindican como referentes la Revolución de Marzo de 1848, que combatió el sufragio censitario, y la Revolución de 1989, que derribó el comunismo.
Su principal crítica denuncia que la democracia representativa tradicional se ha convertido en una "partitocracia" o "cártel". Sostienen que una cúpula de políticos profesionales actúa como un "soberano clandestino" dentro de los partidos, controlando el flujo informativo y los aparatos estatales para asegurar su propio poder y bienestar material.
Para devolver la soberanía a los ciudadanos, la AfD aboga por introducir la democracia directa inspirada en el modelo suizo. Sus reformas proponen:
Plebiscitos populares: Derecho de los ciudadanos a votar sobre leyes aprobadas por el parlamento, lo que actuaría como un freno preventivo frente a proyectos legislativos sin sentido.
Aprobación de tratados y reformas: Obligatoriedad de referéndums para cualquier modificación constitucional o firma de acuerdos internacionales relevantes.
Freno a la cesión de soberanía: Exigir el consentimiento explícito del pueblo para delegar competencias nacionales a la UE u otras organizaciones internacionales, bloqueando las cesiones decididas a espaldas de los votantes.
La formación defiende que su programa es antiautoritario, argumentando que mientras el nacionalsocialismo pretendía expandir el poder estatal, ellos buscan adelgazar el Estado para garantizar la existencia de ciudadanos libres. Para evitar la concentración del poder ejecutivo, proponen la Incompatibilidad de cargos: Prohibir que ministros, presidentes o gobernadores mantengan simultáneamente un escaño parlamentario. Argumentan que el legislativo debe controlar al ejecutivo, por lo que ambas funciones deben estar rígidamente separadas en sus componentes humanos. Otro punto importante es la despolitización de la administración y la justicia: El acceso a los altos cargos de la administración pública y de la judicatura debe basarse exclusivamente en la capacitación profesional, tipificando el nepotismo y el clientelismo como delitos penales.
Pero no acaban ahí las propuestas, la lucha contra la partidocracia se considera fundamental. Limitar la financiación pública de los partidos, limitar los mandatos de los políticos para erradicar los cargos profesionales, instaurar la elección directa del presidente de la Federación y emplear "listas abiertas" para dar mayor libertad de voto directo a la ciudadanía. Por último, la lucha contra las puertas giratorias. Lucha contra el secretismo. Exigir que los diputados dediquen toda su actividad al Parlamento, prohibiendo actividades secundarias pagadas y frenando el ejercer de lobbies en Berlín y Bruselas, al que asocian con redes de influencia y corrupción.
Identidad cultural frente al multiculturalismo
La propuesta identitaria de la AfD rechaza el "globalismo multiculturalista", acusándolo de debilitar la soberanía nacional y marginar a la población autóctona europea a través de la inmigración ilegal descontrolada.
Frente a esto, propugnan la defensa de la "Cultura Alemana Dominante" (Leitkultur). Sostienen que la identidad es el eje de la cohesión social y emana de tres fuentes históricas: la tradición cristiana, la tradición científico-humanista de la Ilustración y el derecho romano, base del Estado de derecho.
El programa afirma respetar la libertad de culto, pero establece que las prácticas religiosas deben subordinarse a las leyes estatales, los derechos humanos y el orden democrático. Rechazan la Sharia por incompatible con sus valores. Sus medidas plantean que el islam no pertenece a Alemania, exigen detener la financiación extranjera de mezquitas y prohibir el burka o nicab en espacios públicos, argumentando que impiden la integración y la convivencia social.
Para Europa, la propuesta es la de rechazar la transformación de la UE en un estado centralizado regido por burocracias no electas. Defienden el principio de subsidiaridad, principio de subsidiariedad que establece que los problemas y las decisiones deben resolverse o gestionarse por la autoridad al nivel más cercano posible a la persona afectada, de modo que una entidad superior solo debe intervenir si el nivel inferior no puede alcanzar el objetivo de manera suficiente.
Otra propuesta importante es que la UE vuelva a ser una alianza económica flexible de estados soberanos sin una política de seguridad común.
LA BATALLA CULTURAL
A pesar de su enfoque regenerador en lo institucional, su agenda identitaria suscita una profunda alarma. En Sajonia-Anhalt, el partido plantea un "giro de 180 grados" para hacer del Land un "Estado modelo" de política cultural patriótica, impulsando el fomento de la historia nacionalista en las escuelas. Esta propuesta es interpretada como una amenaza al pluralismo. Hans-Thomas Tillschneider, ha tildado el legado de la Bauhaus de Dessau como un "extravío de la modernidad" que representa el "desarraigo", sugiriendo cambiar el lema del estado "pensar moderno" por "pensar alemán.
La confrontación tiene impacto directo en las subvenciones públicas. La AfD ha propuesto condicionar los fondos de las instituciones culturales a que declaren un compromiso explícito con la "cultura alemana", advirtiendo que no financiarán "arte antialemán".
Conclusión
El debate sobre la AfD expone dos concepciones enfrentadas del sistema democrático. Para sus simpatizantes, la formación representa una herramienta de regeneración institucional y límite estatal frente a la partitocracia. Por el contrario, para la oposición civil y cultural, su nacionalismo identitario y la fiscalización del arte suponen un retroceso en las libertades pluralistas indispensables en la sociedad moderna. El desenlace electoral en Sajonia-Anhalt definirá cuál de estos dos modelos contrapuestos definirá el futuro de Alemania.
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