Vídeo del altercado de ayer en Ceuta: destrozan el coche de una diputada de ultraizquierda
Vecinos destrozaron el coche de una diputada de Ceuta Ya en el puerto al confundirla con una ONG radical navarra. La Policía intervino y hay denunciados.
Los altercados en el puerto de Ceuta de este domingo dejan un vehículo destrozado, denuncia policial y, otra vez, la misma pregunta: hasta cuándo Moncloa y el PP pueden fingir que la ciudad absorbe sola una avalancha que el Gobierno no ha cortado. Un grupo de vecinos esperaba a una brigada de la ONG navarra Negu Gorriak/Derecho a Techo. Acabó golpeando, por error, el coche de Julia Ferreras, diputada de ultraizquierda de Ceuta Ya.
Qué ocurrió en los altercados en el puerto de Ceuta
A media tarde, decenas de personas se concentraron en la salida de vehículos. Negu Gorriak había anunciado que venía a “poner el cuerpo como escudo” ante lo que llama violencia contra migrantes, tras la entrada masiva de finales de julio. El colectivo lo presentó como ayuda humanitaria. En el recinto, alguien señaló a Rafael Borrego —activista de la Flotilla, copilotando con Ferreras y una abogada— como “proetarra”. El grupo se lanzó sobre el turismo.
Reventaron lunas delantera y trasera, lanzaron huevos y piedras y llegaron a abrir puertas. Ferreras gritaba que era diputada y que no eran los activistas anunciados. No bastó. La Policía Nacional despejó la zona;
Hay al menos un detenido y la parlamentaria denunció los hechos. El portavoz de Ceuta Ya, Mohamed Mustafa, escribió que sus acompañantes “nada tienen que ver con los activistas que llegaban hoy”.
Una ONG radical en una ciudad al límite
Negu Gorriak no llega a un debate de salón. Llega a una plaza saturada, con campamentos, choques con las Fuerzas de Seguridad. El PSOE habla de “normalidad”. El PP gesticula y no cambia el marco. La izquierda local y las ONG convierten a Ceuta en escenario de “observación” mientras los vecinos pagan el desborde.
La confusión no absuelve a quienes llevan semanas importando militancia abertzale a una frontera que el Estado no defiende. Ese desprecio alimenta la crispación.
El relato de “linchamiento” y lo que no se cuenta
Lo que esos relatos evitan es el origen: una política de fronteras rotas, ONG que se presentan como “escudo” frente al Ejército y partidos de izquierda que denuncian al vecino antes que al Gobierno que abrió la puerta.


