Coro Cillán: la juez del 11-M internada, mientras Biedma resiste las cloacas
Coro Cillán, la juez que reabrió el 11-M, permanece internada en Palencia. El acoso a Biedma reabre el debate sobre las cloacas contra magistrados.
El nombre de Coro Cillán ha vuelto al primer plano al compararse su destino con las presuntas maniobras contra la magistrada Beatriz Biedma. La exjuez del 43 de Madrid, que en 2009 admitió una querella sobre la custodia de pruebas del 11-M, lleva años internada en Palencia. El TSJM la inhabilitó quince años por prevaricación en la discoteca Moma; ella sostuvo que las cloacas del Estado habrían buscado apartarla.
De la querella del 11-M a la sentencia de Moma
Coro Cillán, profesora de Derecho Constitucional y titular del Juzgado de Instrucción número 43, tramitó más de dos años la denuncia de la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M contra el entonces jefe de los Tedax. La Audiencia Provincial archivó por cosa juzgada y el Supremo no admitió el recurso. En 2014 el TSJM la condenó por precintar Moma y nombrar administrador a un amigo íntimo, con honorarios que el tribunal tildó de insostenibles. Público difundió un audio en el que presuntamente José Villarejo decía a Javier de la Rosa que a «esta señora» «se le va a quitar totalmente la jurisdicción».
Coro Cillán, internada en Palencia sin incapacitación conocida
Según las crónicas, desde 2019 permanece en el Centro de Rehabilitación Psicosocial San Juan de Dios. Su entorno y su abogada han sostenido que no consta sentencia de incapacitación y que las visitas habrían quedado restringidas. Presentó querella contra Villarejo; la Fiscalía abrió un procedimiento de tutela. El relato oficial ancla su caída en Moma; el de sus allegados, en haber tocado el 11-M y el caso Pujol.
El paralelo con Biedma y las cloacas del PSOE
En junio, El Español resumía: «Beatriz Biedma ha tenido mejor suerte que Coro Cillán». La instructora del caso del hermano de Sánchez se ha personado ante Pedraz como perjudicada por el presunto descrédito atribuido al entorno de Leire Díez. Donde una magistrada sigue en el estrado, la otra desapareció del espacio público. El contraste obliga a preguntar si el aparato tolera a un juez que investiga al poder.


