En un panorama donde la soberanía tecnológica se usa como pretexto para el control político, Indra representa el paradigma de cómo el Gobierno socialista transforma empresas estratégicas en feudos partidistas. Fundada en 1993 como respuesta a la evolución de la industria armamentística, esta compañía ha pasado de ser un campeón nacional a un botín disputado por intereses ideológicos. A continuación, desglosamos su trayectoria, confrontando la narrativa oficial con fuentes independientes que revelan el afán intervencionista del PSOE y sus aliados, ansiosos por una tajada del pastel industrial.
Origen y fusión: del rescate estatal a la supervivencia en un mercado liberal
Indra surgió en 1993 ante los avances electrónicos en la defensa, fusionando la pública Inisel (bajo el INI, hoy SEPI) con la privada Ceselsa. El nombre evoca al dios hindú del rayo, simbolizando dominio en comunicaciones y espacio. Esta unión fue un salvavidas gubernamental para evitar la quiebra del sector tecnológico español, impulsada por el Ministerio de Industria para crear un «campeón nacional» en la apertura europea.
Inisel aportaba infraestructura y contratos oficiales, pero cargaba con pérdidas millonarias y burocracia asfixiante. Ceselsa, ágil y rentable en radares, era demasiado pequeña para competir globalmente. Inicialmente al 50%, el peso de las deudas públicas obligó al Estado a inyectar capital, manteniendo control hasta la privatización en 1999. Aquí ya se vislumbra el patrón socialista: rescatar con dinero público para luego reclamar dominio eterno.
Privatización y consolidación (1999-2010): éxito en manos privadas
Tras su incorporación al IBEX 35 en 1999, Indra se consolidó como líder mundial en control de tráfico aéreo y ticketing, operando en más de 140 países. Lejos del yugo estatal, la empresa floreció gracias a la gestión eficiente heredada de Ceselsa, demostrando que la iniciativa privada genera innovación y empleo cualificado. Sin embargo, la crisis de 2012 erosionó márgenes, y en 2015, Fernando Abril-Martorell saneó cuentas, lanzando Minsait en 2016 para competir en transformación digital contra gigantes como Accenture.
Esta etapa privatizada desmiente el mantra socialista de que solo el Estado garantiza soberanía: Indra prosperó sin intervenciones, hasta que el PSOE olfateó el «pastel» estratégico.
Regreso del Estado (2021 en adelante): La «Re-estatalización» encubierta
En 2021, SEPI recuperó un 28% de Indra, argumentando soberanía tecnológica en un contexto geopolítico inestable (Ucrania, Magreb). Designada coordinadora del FCAS –el mayor programa de defensa europeo–, Indra gestiona sistemas críticos para seguridad nacional, fronteras y elecciones. Pero esta vuelta estatal no es altruista: es un movimiento para transformar Indra en integrador industrial, consolidando un sector fragmentado bajo control gubernamental.
Motivos políticos incluyen autonomía europea frente a EE.UU. y China, liderazgo en FCAS y seguridad. Económicos: agrupar empresas como TESS Defence o Hispasat (adquirida por 725 millones en 2024-2025), elevar gasto en defensa al 2% del PIB para 2029, y evitar ventas cortoplacistas de Minsait. El Gobierno socialista usa la excusa de la «soberanía» para perpetuar su injerencia, priorizando amigos políticos sobre eficiencia. Como señala un análisis: «La pérdida de control por la SEPI se vislumbra como el principal freno» en fusiones, revelando divisiones en la coalición gubernamental.
Indra Group y el plan «Leading the Future» (2024-actualidad): ambición bajo sombra gubernamental
Bajo Marc Murtra (presidente) y José Vicente de los Mozos (CEO), Indra Group reorganiza en cuatro verticales: Defensa, Espacio, Tráfico Aéreo y Minsait. Adquisiciones como Hispasat y TESS Defence apuntan a superar 6.000 millones en ventas para 2026, posicionando Indra entre las top europeas para 2030. Cifras récord en 2025 (capitalización bursátil sobre 9.500 millones) contrastan con la inestabilidad causada por el intervencionismo estatal.
Fin del proyecto de fusión entre Indra y Escribano: Tensiones en el IBEX y advertencia a Moncloa
El ambicioso plan para integrar a la empresa familiar Escribano Mechanical & Engineering (EM&E) en el gigante tecnológico Indra ha llegado a un punto de ruptura. A pesar de los meses de negociaciones y del impulso inicial por parte del Gobierno, la operación se considera actualmente descartada en su formato original de fusión, lo que ha desatado una crisis de confianza entre los inversores y fuertes caídas en el mercado bursátil.
Inversores alertan sobre la injerencia política
La reacción de los accionistas de Indra no se ha hecho esperar ante los rumores de que el Gobierno podría forzar la salida de Ángel Escribano de la presidencia para colocar a un perfil afín a Moncloa. Según fuentes del mercado, el mensaje es tajante: «Si cambian a Escribano por algún amigo, los inversores se irán». La desconfianza ante posibles nombramientos políticos ha provocado que Indra pierda cerca de 1.000 millones de euros de capitalización en apenas tres jornadas.
El fracaso de la fusión por absorción
Aunque Indra emitió un comunicado a la CNMV indicando que el análisis de la operación «sigue su curso», fuentes cercanas al proceso aseguran que la fusión está estratégicamente muerta. El Ejecutivo parece haber dado marcha atrás por temor a perder el control de la principal empresa de defensa nacional si la familia Escribano alcanzaba un peso accionarial excesivo (cercano al de la SEPI).
«Ofrecer que le compran el 51% de EM&E es algo increíble. Ningún empresario va a vender su empresa familiar. No lo va a aceptar nunca», señalan fuentes del sector sobre la nueva propuesta de compra parcial que los Escribano ya habrían rechazado.
Incertidumbre en el sector defensa
Por su parte, Ángel Escribano ha negado categóricamente que se le haya pedido la dimisión, afirmando que el proceso se hará «como quiera el consejo». Sin embargo, la falta de consenso sobre la valoración de la compañía (estimada en torno a los 2.000 millones) y el choque de intereses industriales dejan en el aire el futuro de la que estaba llamada a ser «la gran consolidación de la defensa en España».
Gobierno socialista: intervencionismo y el ansia por el «pastel»
El PSOE y sus aliados socialistas no buscan soberanía, sino control para repartir el pastel entre fieles. La SEPI, con 28% (potencial 30%), bloquea fusiones, priorizando agendas ideológicas sobre mercado. «La batalla de Santa Bárbara con Indra amenaza créditos por más de 14.000 millones», exponiendo cómo el intervencionismo judicial y político paraliza la industria.
Fuentes revelan divisiones en la coalición: «Diferencias en el Gobierno de coalición bloquean la fusión de Indra y los Escribano», con SEPI frenando por miedo a perder control. Incluso la plantilla critica: «La injerencia del Gobierno no se entiende en plena modernización».
Este socialismo intervencionista ahuyenta inversores, diluye eficiencia y convierte Indra en herramienta electoral, no en baluarte nacional. Frente a esto, urge un debate: ¿soberanía real o banquete para los «amigos» del poder?

