El expresidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, se ha trasladado bajo un estricto hermetismo a la capital venezolana. El motivo de este viaje sorpresa es su participación en un acto público invitado por la vicepresidenta Delcy Rodríguez, con el objetivo de respaldar la nueva Ley de Amnistía General y la creación de un Comité de Transición en el país caribeño.
La visita se produce en un momento de máxima tensión política, justo después de la detención de Alex Saab, señalado como testaferro de Nicolás Maduro, y de Raúl Gorrín en una operación conjunta entre el SEBIN y el FBI. Zapatero busca con este movimiento reivindicar su papel como mediador, pero no nos engañemos: este viaje no es por justicia, sino por ego y bolsillos.
El contexto de la amnistía: presión externa, no bondad chavista
Delcy Rodríguez, presidenta encargada tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses, presentó una «ley de amnistía general que cubra todo el período de violencia política de 1999 al presente». Esta medida, aprobada en primera lectura por unanimidad en la Asamblea Nacional, busca excarcelar a cientos de presos políticos, pero excluye delitos graves no relacionados con la oposición, como enfatizó Jorge Rodríguez: «Abarca desde 1999 hasta 2026».
Sin embargo, esta amnistía no brota de la misericordia del chavismo, sino de la bota estadounidense. Fuentes como Reuters y The New York Times confirman que la detención de figuras como Alex Saab y Raúl Gorrín aceleraron el proceso. Amnistía Internacional advierte que no debe ser un «mecanismo de impunidad», mientras organizaciones como Foro Penal exigen transparencia en el texto íntegro.
Zapatero: de mediador a mercenario
Zapatero, con más de 60 viajes a Venezuela –muchos encubiertos en aviones militares de PDVSA para «evitar dejar rastro»–, no ha sido salvador, sino verdugo disfrazado. Presos liberados lo acusan de «defender al régimen e intentar silenciarlos en sus propias celdas», como detalla La Bandera. En EL MUNDO, se revela que incluso diplomáticos españoles le atribuyeron liberaciones: «Que sepan que esto es gracias a Zapatero», una farsa que oculta su rol en negociaciones fallidas como la de Santo Domingo en 2017/2018.
Pero la podredumbre va más allá: Zapatero es un enriquecido por el chavismo. El PP lo acusa de «chanchullos» y «tratos» con Maduro que le reportaron fortunas, incluyendo 450.000 euros de una consultora ligada a Plus Ultra. Koldo García lo señala directamente: «Zapatero se hizo muy millonario haciendo negocios con el petróleo y el oro venezolano». Y el CNI revela más de 40 viajes gratis en Air Europa antes de su rescate multimillonario. Zapatero no media; trafica influencias. Mientras negaba «tajantemente» mordidas –»No, ninguna. Cero absoluto»–, el empresario Víctor de Aldama promete documentos sobre financiación ilegal del PSOE con fondos chavistas. Rodríguez Zapatero lo único que ha hecho estos años, aparte de llenar sus bolsillos, ha sido blanquear una dictadura. La oposición agradece a EE.UU., no a Zapatero: «Que Zapatero no se atribuya el mérito», como publica Vozpópuli.
¿Transición real o maquillaje con Zapatero?
¿Puede un personaje como Zapatero, salpicado por escándalos y acusado de amoralidad, impulsar una verdadera democracia? Marco Rubio, secretario de Estado de EE.UU., lo niega: «Este régimen no es legítimo». Fuentes revelan que el chavismo financió campañas izquierdistas en España y Latinoamérica. Zapatero representa el fracaso de la izquierda complaciente con dictaduras. Una transición genuina exige justicia, no fotos con oportunistas. Su legado es de traición, no de heroísmo.

