El presentador de Horizonte, Iker Jiménez, ha reaccionado con contundencia tras ser mencionado directamente por el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante una sesión en el Congreso de los Diputados. Lejos de eludir la polémica, el periodista ha lanzado un guante al líder del Ejecutivo para resolver sus diferencias frente a frente. Se trata de un reto frontal al presidente del Gobierno para que demuestre sus acusaciones en un foro abierto, sin guiones ni filtros. Lo que se presenta como una invitación cordial es, en esencia, una demanda de transparencia que pone en jaque la narrativa oficialista del PSOE, revelando el miedo del Ejecutivo a confrontar ideas disidentes.
Señalamiento en el Congreso
Recordemos el contexto: durante un debate en el Congreso sobre tragedias ferroviarias, Sánchez arremetió contra la oposición y, sorprendentemente, contra un periodista independiente. «Ahí están sus tuits, dan lecciones de democracia pero en realidad operan con el mismo registro que Iker Jiménez», espetó el presidente, añadiendo con desdén: «Es muy triste porque incluso Iker Jiménez tiene audiencia. Y hay gente que está dispuesta a creer cualquier cosa». Esta acusación no solo ataca a Jiménez, sino que desprecia a millones de espectadores que buscan información alternativa a la propaganda gubernamental, un patrón que recuerda los intentos de control mediático en regímenes autoritarios.
La respuesta de Iker Jiménez
Jiménez, desde su programa ‘Horizonte’ en Cuatro, no se amilanó. Con respeto institucional pero firmeza inquebrantable, respondió: «Le tengo tanto respeto que le invito aquí, cuando usted quiera, a ‘Horizonte'». Esta invitación no es menor: es una petición para que Sánchez aclare qué considera ‘bulos’ y defienda su gestión sin el escudo de la tribuna parlamentaria. Jiménez enfatizó la independencia de su espacio: «Aquí no hay texto, no hay guiones, no estoy leyendo nada nunca», contrastando con las intervenciones preparadas del Gobierno.
Pero vayamos más allá del incidente. Fuentes como El Correo destacan cómo Sánchez equiparó a Jiménez con la ultraderecha, una táctica para deslegitimar críticas válidas a la gestión de crisis como las de Adamuz y Gélida. «La señora Ester Muñoz, Ana Vázquez, Elías Bendodo, Rafael Hernando, Cayetana Álvarez de Toledo… replicaron y reprodujeron los mismos bulos que hizo la ultraderecha», dijo Sánchez, extendiendo el dedo acusador al periodismo incómodo. ¿Es esto libertad de expresión o un intento de silenciar voces críticas? El debate de ideas es esencial en democracia, y Jiménez lo defiende al invitar a Sánchez a un cara a cara sin pactos previos, algo que el presidente evita en foros no controlados.
Este episodio no es aislado; refleja una estrategia más amplia del PSOE para estigmatizar el periodismo independiente. Como argumenta El Debate, Jiménez contesta: «A lo mejor no le están asesorando bien», sugiriendo que Sánchez ignora la realidad al atacar a quien fomenta el diálogo. El verdadero escándalo es que un presidente use el Congreso para señalar periodistas, erosionando la democracia que dice defender.

