España y el desastre del mantenimiento vial

Escrito el 12/02/2026
Equipo NE

El estado de las carreteras en España atraviesa un momento crítico. Según los últimos informes del sector, el modelo de inversión actual no solo es insuficiente, sino que se está ejecutando de manera ineficiente. El dato es demoledor: el 71% de la producción de mezcla asfáltica se destina a refuerzos superficiales, una medida que los expertos consideran un «parche» temporal frente al deterioro estructural profundo que sufren las vías.

Según la Asociación Española de Fabricantes de Mezclas Asfálticas (Asefma), la producción de asfalto en 2025 alcanzó apenas 18,6 millones de toneladas, un incremento del 9,2% que resulta insuficiente cuando se requieren entre 30 y 32 millones para un mantenimiento adecuado. El problema central no reside en la cantidad, sino en la calidad: el 71% del asfalto se emplea en intervenciones superficiales, obviando rehabilitaciones estructurales en una red viaria al borde del deterioro total.

Este análisis no es aislado. La Asociación Española de Carreteras (AEC) advierte que más de la mitad de las carreteras españolas, aproximadamente 54.000 kilómetros, presentan daños graves o muy graves, con un déficit acumulado de 13.500 millones de euros que se ha duplicado en la última década. Desde 2011, el déficit de asfalto asciende a 225 millones de toneladas, con un coste estimado de 13.000 millones de euros, en línea con las estimaciones de la AEC. Juan José Potti, presidente de Asefma, afirma: «Es el momento de actuar y abordar de manera decidida ese enorme déficit acumulado», proponiendo una partida extraordinaria de inversión durante ocho años para incorporar 200 millones de toneladas adicionales.

Inversión insuficiente y falta de visión a largo plazo

El Gobierno, a través de Antonio Muruais, subdirector general de Sostenibilidad e Innovación del Ministerio de Transportes, reconoce el problema: «España está atrasada y existe un déficit en conservación, lastrada por los años de crisis económica». No obstante, destaca una inversión de 1.500 millones de euros en 2025 como un «récord», cifra que resulta pálida ante las necesidades reales. El debate surge en que esta inversión superficial refleja prioridades ideológicas sobre la eficiencia: recursos millonarios desviados a proyectos ecológicos fallidos o líneas de alta velocidad deficitarias, mientras las carreteras, responsables del 90% de la circulación de ciudadanos y de transporte de mercancías, se deterioran.

Otras entidades del sector refuerzan la crítica. La Confederación Nacional del Transporte de Mercancías (CETM) denuncia que el presupuesto de 800 millones de euros en 2025 es insuficiente frente a los 2.000 millones necesarios, advirtiendo que «hay muchas carreteras donde el carril derecho es intransitable». Carmelo González, presidente de CETM, compara la situación vial con el ferroviario: «Ha tenido que haber 47 muertos en los accidentes de tren para poner encima de la mesa que las infraestructuras no se mantenían. No se ha invertido y lo mismo decimos en las carreteras». En regiones como la Comunidad Valenciana, la Federación Valenciana de Empresarios del Transporte y la Logística (FVET) demanda 200 millones de euros anuales, pero solo se invirtieron la mitad, dejando vías como la AP-7 en estado crítico. Carlos Prades, presidente de FVET, declara: «Las carreteras son las grandes olvidadas».

España ante Europa, la gran rezagada

En comparación con Europa, España queda rezagada: mientras países como Noruega justifican intervenciones superficiales por condiciones climáticas extremas. Se estima que España debería duplicar su inversión anual en pavimentación para alcanzar los estándares de calidad exigidos por la Unión Europea y garantizar una red de transporte competitiva. Sin embargo, el Ejecutivo opta por imponer peajes a los transportistas, idea rechazada por CETM, en vez de auditar gastos innecesarios y priorizar lo esencial. Fuentes como El Economista indican que el deterioro se triplicó desde 2022, afectando 33.999 kilómetros en 2025 y retrotrayendo las carreteras a niveles de 1985.

El debate ideológico es inevitable: ¿continuaremos subsidiando agendas progresistas mientras las carreteras generan riesgos mortales? Se requiere inversiones reales, auditorías y eliminación de despilfarros. De lo contrario, el próximo incidente no será solo un reporte, sino una tragedia evitable.