Marco Rubio en Múnich: la verdad incómoda que Europa no quería escuchar

Escrito el 16/02/2026
Equipo NE

El diagnóstico implacable del secretario de Estado

Mientras los medios progresistas europeos titulan el discurso de Marco Rubio como un “gesto conciliador” o “ofensiva de encanto”, la realidad es muy distinta. El secretario de Estado no fue a Múnich a consolar a las élites de Bruselas: fue a diagnosticar, sin anestesia, el suicidio civilizacional que Occidente ha estado practicando desde 1991. Y lo hizo con una claridad que ha provocado ovaciones de pie y un debate que la izquierda no puede silenciar.

“Esta fue una idea tonta que ignoró tanto la naturaleza humana como las lecciones de más de 5.000 años de historia humana registrada”. Con esta frase lapidaria, Rubio desmontó la gran mentira del “fin de la historia”: el libre comercio sin reglas, la externalización de la soberanía, el delirio de un mundo sin fronteras y el culto climático que empobrece a las naciones. El resultado, según el propio Rubio: desindustrialización masiva, cadenas de suministro entregadas a adversarios y una ola sin precedentes de migración masiva que amenaza la cohesión de nuestras sociedades, la continuidad de nuestra cultura y el futuro de nuestra gente.

La migración descontrolada, amenaza existencial

Rubio no habló de “diversidad” ni de “inclusión”. Habló de soberanía nacional como “acto fundamental” y de la migración descontrolada como “amenaza urgente a la tela de nuestras sociedades y a la supervivencia de nuestra civilización misma”. Palabras que en Bruselas, en Moncloa y en los grandes medios siguen siendo tabú, pero que millones de europeos sufren cada día en sus barrios, colegios y puestos de trabajo.

Controlar quiénes y cuántas personas entran en nuestros países no es una expresión de xenofobia. No es odio. Es un acto fundamental de soberanía nacional«, afirmó con rotundidad.

El secretario de Estado fue más allá. Recordó que Estados Unidos y Europa forman una sola civilización occidental, forjada en la fe cristiana, la herencia clásica y los sacrificios comunes. “No queremos aliados débiles”, sentenció. “No queremos aliados encadenados por la culpa y la vergüenza”. Quienes esperaban un Trump aislacionista se encontraron con un mensaje rotundo: América quiere una Europa fuerte, no una Europa vasalla del globalismo, del Green Deal y de la corrección política.

La ONU, irrelevante; el liderazgo estadounidense, indispensable

Rubio dejó claro que la ONU ha demostrado su inutilidad: no resolvió Gaza, ni Ucrania, ni el programa nuclear iraní, ni la amenaza venezolana. Solo el liderazgo estadounidense —con bombas B-2 y fuerzas especiales cuando fue necesario— ha actuado. El mensaje es cristalino: las instituciones internacionales deben reformarse o serán irrelevantes. El interés nacional vuelve al centro.

Rubio insistió en que Estados Unidos desea una Europa fuerte y autónoma, pero bajo un nuevo paradigma de responsabilidad compartida. Aseguró que las exigencias de la administración actual no nacen del distanciamiento, sino de una conexión «espiritual y cultural» profunda.

  • Fin de las abstracciones: Rubio criticó que se utilicen conceptos vagos de derecho internacional para no afrontar amenazas reales.
  • Reciprocidad: El mensaje fue claro: la seguridad colectiva requiere que todos los aliados asuman sus deberes básicos.
  • Reforma de organismos: Señaló que instituciones como la ONU han demostrado ser incapaces de resolver conflictos actuales como los de Gaza o Ucrania.

Ucrania y el nuevo orden mundial

Respecto al conflicto en Ucrania, Rubio mantuvo una postura pragmática, poniendo en duda la voluntad real de Rusia para alcanzar la paz. Subrayó que, dado que EE. UU. sostiene gran parte del esfuerzo económico y militar, es imperativo que tengan «un asiento en la mesa» para definir cualquier resolución que afecte la seguridad global.

«El ayer ha terminado, el futuro es inevitable y nuestro destino conjunto nos espera», concluyó Rubio, instando a los aliados a abandonar las políticas del siglo pasado para abrazar un «nuevo siglo occidental».

Santiago Abascal lo ha entendido a la perfección

El líder de Vox ha señalado que “muchos grupos europeos llevamos años reclamando el cambio de rumbo total en Europa”. Abascal ha reclamado al PP que abandone las agendas de la izquierda y del globalismo para sumarse a este cambio histórico.

El debate está servido: ¿seguirá la derecha española atada a las consignas de Bruselas o asumirá, por fin, la defensa de la soberanía, las fronteras y la identidad occidental?

El doble rasero de la prensa progresista

Algunos analistas atlánticos han calificado el tono de Rubio como “protector”. Curioso. Cuando un secretario de Estado defiende la civilización que construyó Occidente, se le acusa de arrogancia; cuando las élites europeas la entregan al multiculturalismo y al suicidio demográfico, se les aplaude por “progresistas”. El doble rasero es insultante.