La Junta de la Paz, impulsada por Donald Trump y formalizada en Davos el 22 de enero de 2026, no es un club diplomático más. Es una organización internacional con mandato amplio para promover estabilidad, gobernanza y paz en zonas de conflicto, empezando por Gaza pero sin limitarse a ella. Argentina, bajo Javier Milei, se convirtió en miembro fundador, y el propio presidente argentino viajará esta semana a Washington para la primera cumbre oficial del organismo, prevista para el 19 de febrero.
Trump anunció que los miembros fundadores han comprometido más de 5.000 millones de dólares para la reconstrucción de Gaza y miles de efectivos para una fuerza de estabilización. “La Junta de la Paz demostrará ser el organismo internacional más importante de la historia”, escribió el mandatario en Truth Social. Mientras la ONU ha demostrado su incapacidad crónica para resolver conflictos reales, esta iniciativa prioriza acción directa, liderazgo claro y resultados medibles.
La izquierda globalista, previsiblemente, la califica de “rival de la ONU” y “esquema corrupto”. Brookings Institution advierte que se trata de un síntoma de crisis en el orden mundial, y Le Monde la describe como una “Liga de naciones de Trump” con poder excesivo concentrado en una sola persona. Sin embargo, el multilateralismo burocrático de Nueva York ha fracasado en Gaza, Ucrania y decenas de crisis. La historia demuestra que la eficacia no nace de asambleas infinitas, sino de voluntad política y recursos reales.
Milei en Washington: Argentina ocupa un lugar central en la nueva arquitectura de paz
El presidente argentino asistirá a la cumbre del 19 de febrero junto a otros 26 mandatarios, entre ellos Benjamín Netanyahu. Milei ha elogiado públicamente a Trump como “un ejemplo de coraje y liderazgo” y confirmó su participación plena en la Junta de la Paz. Esta no es una visita protocolar: es el reconocimiento internacional al giro soberano de Argentina, que abandona el neutralismo estéril del kirchnerismo y se alinea con quienes defienden la libertad y la seguridad frente a las amenazas autoritarias.
La cumbre de Miami del 7 de marzo: un bloque latinoamericano contra la ofensiva china
El 7 de marzo, Trump reunirá en el Trump National Doral de Miami a seis presidentes: Javier Milei (Argentina), Rodrigo Paz (Bolivia), Daniel Noboa (Ecuador), Nayib Bukele (El Salvador), Nasry “Tito” Asfura (Honduras) y Santiago Peña (Paraguay). Según fuentes de la Casa Blanca, el objetivo central es “articular un bloque regional que pueda desarmar la ofensiva de China en América Latina, específicamente en el control de recursos naturales, producción alimentaria y vías de comercialización”.
Estos no son líderes teóricos: son gobernantes que han demostrado con hechos que las recetas de libertad económica y mano dura contra el crimen funcionan. Milei desmonta el modelo populista que destruyó Argentina; Bukele convirtió El Salvador en el país más seguro de la región; Noboa combate directamente a las bandas narco en Ecuador; Peña y Asfura representan estabilidad conservadora. Incluso en Bolivia, con Rodrigo Paz, se abre una grieta histórica en el castrochavismo.
El debate de ideas: injerencia vs. soberanía real frente a Pekín
La izquierda denunciará “injerencia” y “neoliberalismo”. Medios progresistas ya hablan de “club de amigos de Trump” y alertan sobre un supuesto “pay-to-play” en la Junta de la Paz. Pero los ciudadanos de estos países conocen demasiado bien el resultado de las políticas socialistas: inflación descontrolada, inseguridad rampante y dependencia de regímenes autoritarios como China. Frente a eso, esta alianza representa esperanza concreta: comercio abierto con Estados Unidos, seguridad compartida y defensa de la soberanía frente a la colonización económica de Pekín.

