En un nuevo capítulo que sacude los cimientos del PSOE, Borja Cabezón, el confidente inquebrantable de Pedro Sánchez, emerge como protagonista de un presunto esquema de evasión fiscal que desafía toda noción de transparencia. Mientras el Gobierno presume de integridad, revelaciones periodísticas destapan un entramado de empresas fantasma y testaferros que Cabezón habría utilizado para burlar a Hacienda durante más de una década. ¿Puede Sánchez seguir ignorando la podredumbre en su propia casa?
El entramado fiscal al descubierto
Según una exhaustiva investigación de ‘El Confidencial’, Cabezón, actual adjunto a la Secretaría de Organización del PSOE, mantuvo una estructura societaria administrada por testaferros diseñada para eludir el pago de impuestos, con ramificaciones en Reino Unido y Costa Rica. «El epicentro del entramado societario de Cabezón, que habría logrado ocultar por completo su identidad, es una sociedad llamada Vatnet Proyectos 2010», detalla el reportaje, destacando cómo esta mercantil estaba participada en un 80% por una empresa inglesa pantalla controlada por costarricenses vinculados a otras tramas de corrupción. Esta acusación no es aislada; ‘Libertad Digital’ subraya que «el entramado puesto en marcha por Borja Cabezón para eludir el pago de impuestos consistía en la unión entre una empresa española y una británica pantalla», cuestionando si hay alguien en el entorno de Sánchez libre de mácula.
Trayectoria de un Apparatchik eterno
Pero vayamos más allá: Cabezón no es un peón cualquiera. Acumula 21 años en cargos del PSOE, salvo un breve paréntesis post-Covid, y su ascenso ha estado ligado indisolublemente a Sánchez desde la crisis de 2008. Inició en la política local de Majadahonda, donde fracasó en candidaturas a la alcaldía, para luego escalar a puestos nacionales como Coordinador de Organización (2016-2017), Director General de Asuntos Nacionales, diputado en la Asamblea de Madrid, embajador en Exteriores y Consejero Delegado de Enisa. En total, 25 años en puestos públicos si sumamos sus roles gubernamentales. «El adjunto a la Organización completa su currículum con cinco años en empresas del ámbito de la comunicación», precisa ‘La Razón’, pintando un retrato de un apparatchik eterno. ¿Coincidencia? Difícil de creer cuando recordamos que Cabezón fue investigado por adulterar el censo en las primarias de Sánchez en 2017, según ‘Vozpópuli’.
Conexiones familiares y redes de influencia
La trama se complica con revelaciones sobre vínculos familiares que extienden la red de influencia del PSOE hasta la República Dominicana. En un segmento televisivo de ‘Horizonte’ en Cuatro, la periodista Ketty Garat desveló que «Borja Cabezón es primo de Juan Segovia, el que le escribe los discursos al presidente de República Dominicana». Pero el detalle incendiario: «Juan Segovia es la actual pareja de José Bono», exministro socialista y figura clave del partido. Esta conexión, sugiere un entramado de relaciones personales que podría facilitar favores internacionales y opacidad. Fuentes como ESdiario confirman: «El novio de José Bono al descubierto por el escándalo Borja Cabezón: más joven, del PSOE y en República Dominicana», destacando cómo Segovia, exdiputado del PSOE, reside ahora en Santo Domingo y asesora al presidente Luis Abinader. ¿Casualidad o un patrón de nepotismo que une corrupción fiscal con alianzas transatlánticas?
Contraste con las proclamas del PSOE
El debate se enciende al contrastar esto con las proclamas del PSOE. Ironía suprema: Sánchez anunció medidas contra la corrupción lideradas por… ¡el propio Cabezón! «Este equipo estará liderado por la presidenta del PSOE, Cristina Narbona, el secretario de Acción Democrática y Transparencia, Borja Cabezón», declaraba el partido en su web oficial. ¿Cómo puede un supuesto evasor fiscal velar por la «transparencia»?
¿Impunidad o anomalía?
¿Es el sanchismo un régimen que fomenta la impunidad, o una anomalía en un sistema que necesita purga? Mientras la izquierda clama por «organización limpia», la realidad destapa un patrón de abusos que erosiona la confianza pública. Cabezón, sin dimisión a la vista, simboliza cómo el poder absoluto corrompe absolutamente. Es hora de exigir rendición de cuentas, no más excusas.

