En un escándalo que expone las entrañas podridas del poder socialista, las revelaciones sobre las primarias del PSOE en 2017 no solo cuestionan la victoria de Pedro Sánchez, sino que pintan un retrato de fraude sistemático y descarado orquestado desde las sombras. Mientras el Gobierno predica transparencia y lucha contra la corrupción en otros ámbitos, este caso revela un doble estándar hipócrita que prioriza el control absoluto sobre la voluntad real de los militantes. ¿Es esto el inicio del fin para un liderazgo construido sobre mentiras? Confrontemos los hechos con evidencias de múltiples fuentes para avivar un debate esencial: ¿puede España permitirse un presidente cuya ascensión huele a pucherazo?
Las alegaciones centrales: votos falsos y actas alteradas en tiempo real
El núcleo del fraude radica en una presunta manipulación coordinada vía WhatsApp, donde se insertaron votos ficticios para inclinar la balanza a favor de Sánchez contra Susana Díaz y Patxi López. Según informes filtrados, Koldo García, exasesor de José Luis Ábalos, ordenó explícitamente agregar identidades falsas, como en el mensaje «Mete de los otros cuatro rumanos», seguido de confirmaciones para que «cuele» el conteo. Esta práctica no se limitó a un incidente: en regiones clave como Navarra, Valencia y Andalucía, se alteraron censos con afiliaciones masivas de inmigrantes, prometiendo beneficios a cambio de apoyo. «Sin que te vea nadie y metes las dos papeletas», se instruyó en conversaciones reveladas por la UCO, destacando un patrón de posible fraude electoral que data incluso de primarias anteriores en 2014. Fuentes adicionales confirman que en 2017, «votaron hasta los muertos», como admitió el propio García en declaraciones que exponen la profundidad de la estafa.
El núcleo de la conspiración: el rol del «grupo del Peugeot» y sus operadores
Detrás de estas maniobras se erige el «grupo del Peugeot», una cúpula leal a Sánchez que actuó como una máquina de guerra contra la democracia interna. Figuras como Santos Cerdán, Koldo García y Ábalos coordinaron alteraciones en censos y votos, con evidencias de «pucherazo» en Navarra y Andalucía para asegurar la victoria. La UCO ha señalado a Cerdán por presuntos desvíos de fondos y manipulación, revelando una estafa a los militantes que socava la integridad del partido. En Jaén, precedentes como el fraude denunciado por un militante en elecciones locales muestran un modus operandi recurrente, donde se cambiaron actas para «cuadrar» resultados. Estas prácticas, documentadas en informes policiales, incluyen financiamiento irregular mediante «pitufeo», con donaciones fraccionadas de fuentes dudosas que alimentaron la campaña sanchista.
El contexto más amplio: del Koldogate a un patrón de corrupción endémica
Este fraude no es aislado; forma parte del Koldogate, una trama que involucra corrupción en contratos públicos y desvíos de fondos, con implicaciones que llegan hasta el círculo íntimo de Sánchez. Conversaciones filtradas entre Koldo y Ábalos apuntan a Cerdán por pagos irregulares, extendiendo el escándalo a las primarias de 2017. Antecedentes en Andalucía, donde se denunciaron fraudes en procesos internos, refuerzan la idea de un PSOE propenso al pucherazo para mantener el poder. ¿Por qué la izquierda ignora estos hechos mientras acusa a la oposición de «lawfare»? Este patrón sugiere que el recurso al fraude es una herramienta para aferrarse al poder, como se ve en denuncias de «votaron hasta los muertos» en las primarias que coronaron a Sánchez.
Implicaciones profundas: un debate sobre legitimidad y el futuro de España
Si Sánchez ascendió mediante engaño electoral, ¿Qué credibilidad tiene su Gobierno actual? Este escándalo explica divisiones internas y pactos controvertidos, como los con independentistas, donde el fin justifica cualquier medio. Fuentes independientes destacan el peligro de antecedentes como estos, que amenazan la integridad de procesos electorales más amplios. España no puede tolerar ya un liderazgo forjado en la sombra del fraude.

