El golpe: origen de la democracia
Ni la muerte de Franco en la cama ni la aprobación de la Constitución en 1978 implicaron los elementos épicos necesarios: el verdadero mito fundacional de nuestra “democracia” es el golpe de febrero de 1981. Los gritos de Tejero, el “ni está ni se le espera”, José María García subido a un coche, el aplomo de Gutiérrez Mellado junto a Suárez, los tanques de Valencia, el mensaje del Rey. Aquel día, aquella noche, aquella mañana siguiente. Toda una iconografía para el consumo de generaciones.
Ahora, gracias al amor de Pedro Sánchez a la transparencia y la verdad, llevamos unos días atragantándonos con programas de tertulia en los que aparece García Margallo de manera constante, a todas horas, explicando las cosas con ese aire suyo de novelista de segunda que pasaba por ahí. (Hemos tenido políticos de todos los colores y tendencias, más o menos ladrones, más o menos inútiles, pero de todos ellos García Margallo es de largo el más pesado). Los Mejide, los Abad, los Cintora, los Alsina, todos bailando el disco que han puesto en la Moncloa. ¿Ahora toca hablar del mito fundacional? Pues se habla. ¿Toca comparar el ruido de sables de entonces con el señor que vota a Vox porque no quiere ser acuchillado a la puerta de su caso por algún africano enloquecido? Pues se hace sin el menor problema.
Cuarenta y cinco años después poco queda de aquel país de Pilar Miró, Vizcaíno Casas y Ramoncín, de las columnas de Umbral y de los bigotes de Iñigo, de Camilo Sesto y el Matador Kempes, de los jerseys de Marcelino Camacho y las portadas de Interviu, pero ese país no desapareció sin dejarnos a nosotros la gestión de todos sus pecados. El primero de todos, la mansedumbre. Sin rechistar entregamos las riendas del país a una nueva casta de mediocres mientras intentábamos comprarnos una casita en la playa. Cuando quisimos darnos cuenta, en algún momento entra las bombas del 11M y la crisis del 2008, ya era demasiado tarde. Las nuevas élites habían cristalizado, la soberanía se había vendido a precio de baratillo a Bruselas, la partitocracia ya había extendido su sistema tentacular para garantizar únicamente su propia supervivencia.
¿Democracia?
¿Alguien en su sano juicio puede considerar que a día de hoy en España gobierna el demos, el pueblo? Los tertulianos comentan que la figura de Juan Carlos I ha salido reforzada y que se especula con su regreso, pero hace dos días estos mismos tertulianos daban pábulo a una estrambótica denuncia sexual contra Adolfo Suárez. Que nos dejen en paz, que bastante tenemos todos con llegar a fin de mes y sabemos perfectamente que pasó en 1981 y en adelante. Lo hemos visto, ha sucedido delante de nuestras narices, no necesitamos ninguna desclasificación de ningún secreto. Sabemos lo que era España, lo que pudo ser, lo que se perdió por el camino. Y no vamos a olvidarnos por mucho que nos metan a García Margallo hasta en la sopa.

