El discurso del llanto ideológico que ignora a los españoles
Este miércoles 4 de marzo, a las 9:00 horas desde Moncloa, Pedro Sánchez ha vuelto a ofrecer un espectáculo previsible: un discurso entre el llanto y el vómito ideológico. “La posición del Gobierno de España se resume en cuatro palabras: no a la guerra”, ha sentenciado. Con esta frase remite directamente a su oposición a la guerra de Irak y al “trío de las Azores”, equiparando la legítima acción de Estados Unidos e Israel contra el régimen iraní con aquella aventura de 2003.
“Estamos ante un atropello a la legalidad internacional”, ha añadido, condenando la intervención unilateral mientras expresa “solidaridad con los países atacados ilegalmente por el régimen de Irán”. Palabras huecas. Porque en ningún momento Sánchez aborda las repercusiones reales para España. Ni una línea sobre cómo la reacción americana –con Trump amenazando ya con cortar “todo el comercio”– nos deja expuestos. Ni una mención a las bases de Rota y Morón, vetadas por su Gobierno pese a ser aliadas estratégicas.
El cinismo que deja a España en peligro y a los españoles sin justicia
Pero el colmo del cinismo llega cuando presume de defender la legalidad internacional. Si tanto le preocupa el Derecho, ¿por qué no empieza por casa? ¿Por qué no deja que la Justicia actúe sin interferencias con su círculo más cercano? ¿Porqué tenemos que seguir aguantando que sigan saliendo escándalos de sus compañeros, un gobierno metido hasta el fondo en decenas de tramas de corrupción? ¿Qué pasa ahí con la legalidad? ¿Qué hay de la justicia en su familia?
Irán agradece y España paga el precio
En el discurso se pone de parte del agresor Irán, que cada uno piense lo que quiera. La Embajada de Irán en Madrid ya ha agradecido públicamente su veto: “Valiosa posición en consonancia con el derecho internacional”. Israel, por su parte, no se muerde la lengua: “Primero Hamás, ahora Irán”.
Pedro Sánchez prefiere contentar a su coalición comunista antes que defender los intereses nacionales. España queda aislada de sus aliados naturales y más cerca de los ayatolás que de la libertad.
El silencio culpable sobre las consecuencias económicas
El conflicto ya dispara los precios del petróleo. El Brent ha subido más del 10% y analistas advierten que podría alcanzar los 100 dólares si se prolonga el cierre del estrecho de Ormuz. En España, esto significa gasolina y gasóleo más caros, inflación desbocada y familias ahogadas. Sánchez habla de “incertidumbre global” pero no toca ni de pasada cómo afectará esto a nuestra economía ni qué medidas se van a tomar para frenarlo.
En cambio, llora por el petróleo mientras mantiene una fiscalidad asfixiante. ¡Baje los impuestos ya! Si de verdad quiere ayudar a los españoles, que deje de repartir subsidios y recaude menos. Que no llore con el precio del barril y actúe con sus propios impuestos, que ya bastante sufrimos.
Valencia y La Palma esperan mientras Sánchez mira a Teherán
Si tanto le preocupa la gente, ¿por qué no habla de los españoles que aún sufren las consecuencias de la DANA en Valencia y La Palma? Familias sin hogar, negocios cerrados y ayudas que llegan tarde. Ahí sí hay víctimas inocentes que dependen de su Gobierno. Pero prefiere un discurso profundamente ideológico para contentar al comunismo y movilizarlo.
Pedro Sánchez volvió a demostrar esta mañana que su prioridad no es España, sino contentar a la izquierda radical y al comunismo que le sostiene en el sillón. Los españoles queremos saber qué repercusiones vamos a sufrir , porque seremos nosotros quienes paguemos la factura. Si tanto quiere ayudar, que deje de asfixiar a las familias con su fiscalidad salvaje. El “NO A LA GUERRA” de Sánchez es sí a la ruina.

