El Gobierno de Sánchez convierte el Senado en campo de batalla contra la verdad
El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ha vuelto a demostrar su verdadero rostro: el de un censor al servicio de la izquierda más radical. Tras el altercado ocurrido este lunes 2 de marzo de 2026 a la salida de un acto por el 8 de marzo en el Senado, el titular de Interior ha solicitado “información urgente” para adoptar las medidas “imprescindibles” contra el periodista Vito Quiles.
Lo que los medios afines al PSOE presentan como una “agresión de la ultraderecha” no es más que una nueva operación para acallar a quien se atreve a cuestionar el relato oficial.
La izquierda agrede y luego pide protección al Estado
Según la versión oficial difundida por Europa Press, Sarah Santaolalla —colaboradora televisiva del sanchismo— y senadores socialistas habrían sufrido un enfrentamiento con Vito Quiles, periodista con acreditación parlamentaria conocido por sus preguntas incómodas. Marlaska no ha dudado en alinearse con esa narrativa:
“Acontecimientos como estos en la Casa de la Soberanía Nacional me causan una preocupación máxima y consecuencia de ello, he pedido una información urgente de todo lo que sucedió con el fin de tomar las medidas que sean absolutamente imprescindibles”.
El propio Marlaska ha ido más allá y ha advertido que responderán “con toda la fuerza de la ley” a la “extrema derecha” y a la “polarización”. Curioso que use esas palabras cuando las imágenes y testimonios apuntan en dirección contraria.
La farsa de la “agresión”
Sarah Santaolalla publicó vídeos en redes denunciando “empujones, pisotones y golpes” a la salida de un acto en el Senado relacionado con el 8M.
A las horas, volvió a publicar en sus redes sociales una imagen con el brazo cabestrillo.
“El agredido fui yo”: las declaraciones directas de Vito Quiles
Vito Quiles, ha respondido con claridad y sin rodeos a la ola de mentiras lanzada desde el PSOE y sus tertulianos pagados con dinero público. En su cuenta de X, escribió textualmente:
“Menos mal que está grabado. Repito, menos mal que está grabado. Si no está loca desquiciada es capaz de arruinarme la vida”.
Y añadió sin ambages:
“El agredido fui yo. Ahora lo intentan con una denuncia falsa porque ya no saben qué más hacer. Adelante, me encargaré de que os caiga todo el peso de la ley y volveré a ganar”.
Estas no son opiniones. Son hechos respaldados por vídeos que el propio Quiles difundió y que, según medios independientes como El Debate, muestran exactamente lo contrario de la versión oficial: una horda socialista empujando, insultando y agrediendo al periodista mientras intentaba ejercer su labor. En ningún momento llega a tocar a Sarah Santaolalla, por lo que tener el brazo en cabestrillo…no se entiende ni cuadra.
Vito Quiles junto a su abogado, han anunciado a través de su perfil en la red social X una demanda contra Sarah Santaolalla por falso testimonio, difamación, calumnias y una indemnización por todo el daño causado.
Marlaska transforma un ataque izquierdista en pretexto para la censura
Mientras el PSOE anuncia denuncias contra Quiles y declaraciones institucionales de condena, sindicatos como CCOO corren a ofrecer “cariño” y protección a Santaolalla contra el supuesto “odio de la ultraderecha”. El mensaje es claro: quien molesta al poder, pierde su acreditación y su libertad.
Esto no es protección de la soberanía nacional. Es el clásico mecanismo comunista: el Gobierno utiliza el Ministerio del Interior para intimidar a periodistas independientes que denuncian el despilfarro en RTVE, los pactos con separatistas y la hipocresía de tertulianos pagados con dinero público.
La libertad de prensa, bajo amenaza real
¿Dónde queda el derecho a informar cuando un ministro habla de “fuerza de la ley” contra quien hace preguntas? Vox lleva años advirtiendo que el sanchismo no tolera discrepancia. PP y el resto de la derecha tibia callan o miran hacia otro lado. Mientras tanto, la izquierda internacional aplaude estas tácticas en nombre de la “lucha contra el odio”.
España no puede permitirse un Gobierno que investiga a periodistas en vez de perseguir a los verdaderos violentos. La prensa libre es el último dique contra el autoritarismo. Si cae, cae la democracia.

