España se queda atrás: La UE ya permite eximir del IVA a autónomos que facturen hasta 85.000€

Un agravio contra los emprendedores

En un contexto donde la Unión Europea busca aligerar las cargas fiscales para fomentar el emprendimiento, España se erige como el paria del continente al negarse a implementar la exención del IVA para autónomos que facturan hasta 85.000 euros. Esta directiva, aprobada en 2020, representa una oportunidad para simplificar la vida de millones de trabajadores por cuenta propia, pero el Ejecutivo liderado por el PSOE, con su habitual desdén por la iniciativa privada, prefiere mantener el yugo burocrático. Esta inacción no es un descuido, sino una estrategia deliberada para asfixiar al tejido productivo nacional, perpetuando un sistema que favorece al Estado voraz en detrimento de los verdaderos motores de la economía.

La Directiva (UE) 2020/285 permite a los Estados miembros eximir del IVA a pequeñas empresas y autónomos con facturación anual inferior a 85.000 euros, reduciendo trámites administrativos y costes. Sin embargo, España no ha transpuesto esta norma pese a que el plazo expiró el 1 de enero de 2025, lo que ha desencadenado un procedimiento de infracción por parte de la Comisión Europea. Fuentes comunitarias han confirmado que «España es el único país que no ha transpuesto y notificado esa directiva», según una representante de la Dirección General de Fiscalidad y Unión Aduanera, quien subrayó que el resto de naciones lo han hecho, aunque con retraso.

El fracaso del Gobierno PSOE: competitividad en Juego

El Ministerio de Hacienda, bajo la batuta de María Jesús Montero, ha ignorado repetidamente esta medida, dejando a España aislada en la UE. La Federación Nacional de Asociaciones de Empresarios y Trabajadores Autónomos (ATA) ha denunciado al Gobierno ante la Comisión Europea, argumentando que «los autónomos españoles son los únicos en la Unión Europea que no se pueden acoger al IVA franquiciado si facturan menos de 85.000 euros». Esta omisión no solo viola obligaciones europeas, sino que resta competitividad a nuestros emprendedores, obligándolos a cumplir con las mismas formalidades que las grandes corporaciones.

La izquierda gobernante, con su obsesión por el control estatal, ve en esta exención una amenaza a su modelo recaudatorio insaciable. Mientras países como Francia, Irlanda o Italia aplican umbrales similares –por ejemplo, Francia rebaja el límite a 35.000 euros para servicios–, España se queda atrás, perpetuando un agravio comparativo que desincentiva el autoempleo. Lorenzo Amor, presidente de ATA, ha exigido sanciones, afirmando que «este incumplimiento tiene un enorme efecto sobre las actividades de los negocios y nos resta competitividad».

La tibia respuesta del PP: no basta con propuestas

Aunque el Partido Popular ha presentado una Proposición No de Ley para instar al Gobierno a implementar esta exención, como parte de su «Contrato con los Autónomos», esta iniciativa llega tarde y carece de la contundencia necesaria. Alberto Núñez Feijóo ha prometido eximir del IVA a quienes facturen menos de 85.000 euros, reduciendo declaraciones fiscales y cotizaciones, pero ¿por qué no lo impulsaron con más fuerza durante sus años en el poder? El PP, con su moderación centrista, no rompe con el statu quo izquierdista; solo maquilla problemas que Vox aborda de raíz. La propuesta popular, aunque bienintencionada, no cuestiona el fondo del intervencionismo fiscal que asfixia a los autónomos, limitándose a parches en lugar de una reforma profunda.

En contraste, Vox defiende una economía libre de ataduras burocráticas, alineada con la soberanía nacional frente a imposiciones europeas que, en este caso, benefician al ciudadano. Fuentes como ATA insisten en que «España es el único país de la UE que no aplica el ‘IVA franquiciado'», destacando el riesgo de sanciones del Tribunal de Justicia de la UE si persiste el incumplimiento.

¿Libertad económica o control estatal?

Este caso ilustra el choque ideológico fundamental: ¿debe el Estado priorizar la libertad empresarial o mantener un control fiscal opresivo? La exención del IVA no es solo una medida técnica; es un alivio para 3,4 millones de autónomos que generan más de un millón de empleos. Rechazarla es un acto de hostilidad contra la clase media productiva, fomentando la dependencia del subsidio en lugar del esfuerzo individual. Críticos del Gobierno argumentan que esta inacción «deja a los profesionales en desventaja con sus competidores europeos», mientras el Ejecutivo se escuda en excusas administrativas.

Incluso en operaciones intracomunitarias, España falla en eximir el IVA, lo que la Comisión Europea ha calificado de «incumplimiento flagrante». ¿Hasta cuándo toleraremos que políticas izquierdistas, nacionales o internacionales, saboteen nuestro progreso? La solución pasa por un giro hacia medidas que empoderen al individuo, no al Leviatán estatal.


Escrito el 09/03/2026
Equipo NE