Desde un hotel de cinco estrellas
Pablo Iglesias, fundador de Podemos y exvicepresidente del Gobierno español, siempre ha deseado que le vieran como un pobre obrero español que se ha forjado a sí mismo con un duro esfuerzo, cuando a sus padres, abogada de Comisiones Obreras e inspector de trabajo, no es que les faltase ingresos, (a su padre le daba hasta tiempo a estar el el FRAP y todo…)
El pobre Pablo, ha mostrado su apoyo al régimen cubano, ese que trata estupendamente a su población obrera, grabando un vídeo desde el Gran Hotel Bristol Habana Vieja Meliá Collection, un establecimiento de super lujo ubicado en el centro de La Habana con vistas al Capitolio. En la grabación, emitida por Canal Red, habla de la situación precaria del país mientras se encuentra en una suite cuyo coste por noche supera los 200 euros, un precio inalcanzable para la gran mayoría de la población cubana e incluso buena parte de la española. Pablo, ese comunista que habla de redistribuir la riqueza pero no la suya…
Iglesias llegó a la isla en vuelo desde Madrid junto a otros dirigentes de izquierda internacional, Jeremy Corbyn, Gerardo Pisarello y otros, además de representantes de Bildu y miembros de Podemos. Todos forman parte de la iniciativa Nuestra América, Convoy a Cuba al más puro estilo flotilla, aunque el viaje no se realizó en barco como podría sugerir el nombre, sino incorporándose en avión una vez en destino. Atravesar el atlántico vía marítima está bien para los cubanos que huyen, pero no para Pablo.
Reunión con el Partido Comunista y matiz a la crisis
Iglesias mantuvo una primera reunión con miembros del Partido Comunista cubano, esos que tenían apagones antes de cabrear a Trump, que no dejan a sus ciudadanos ni cultivar libremente para paliar el hambre, esos que los tienen hacinados en pisos que en España no morarían ni las ratas, pues en esa reunión le explicaron la situación actual del país: toda la culpa es de Trump, de los 60 y pico años anteriores, sería culpa de Franco. Según sus palabras, la situación es «ciertamente difícil», pero no tan grave como se presenta desde el exterior. A Pablo le debe de parecer normal tener horario para enchufar la nevera, el que la tenga o tener epidemias recurrentes por la falta de medicamentos. Reconoció problemas como la falta de combustible, aunque puso el foco en avances como la transición energética impulsada por equipos fotovoltaicos. Pablo piensa que la fotovoltaica la ponen los cubanos de a pie, van a por el polvo de harinas varias del racionamiento y luego se lían a poner placas solares para ver Netflix… El exdirigente español evitó profundizar en las duras condiciones de vida que afronta gran parte de la población cubana, les hizo un favor o le dio miedo salir apedreado por el pueblo cubano. Además, señaló que la iniciativa cuenta con entre 400 y 600 delegados internacionales y que aún esperaban la llegada de la flotilla procedente de México, que había enfrentado «algunas dificultades». La realidad es que no son capaces ni de gestionar una «flotilla»
El contraste entre discurso y escenario
La imagen de Iglesias pronunciándose sobre las dificultades de Cuba desde una costosa habitación de hotel, ha avivado críticas por la contradicción entre su mensaje habitual —en defensa de los más desfavorecidos— y el lugar elegido para emitirlo. Esto ya es una vergüenza de tal calibre que sinceramente, hay que tener estómago para tragarla. Este tipo de escenas refuerzan un rechazo hacia él y otros líderes de izquierda: la brecha entre las ideas que defienden y las prácticas personales en contextos como este. En fin, titulemos el vídeo: el vomitivo vídeo del vomitivo comunismo.

