La persecución sistemática contra los cristianos en Nigeria no cesa. El autodenominado Estado Islámico (ISIS) ha difundido nuevas pruebas de sus atrocidades en el norte del país africano, al tiempo que hombres armados irrumpieron en dos iglesias durante las celebraciones pascuales, dejando un saldo trágico de muertos y secuestrados. Esta oleada de violencia confirma el avance de la yihad en una nación donde los fieles de Cristo pagan con su vida la fe que profesan.
La propaganda del terror: ISIS difunde ejecuciones y su doctrina de exterminio
En su publicación semanal An Naba, ISIS ha exhibido imágenes de ejecuciones sumarias en el norte de Nigeria. Según el material, dos personas fueron abatidas a corta distancia tras ser inmovilizadas en el suelo, sin posibilidad de defensa. El grupo reivindica además la muerte de 17 civiles cristianos y cuatro militares nigerianos en operaciones adicionales, junto con la quema de dos localidades enteras.
La aldea de Kautekari fue uno de los escenarios: terroristas armados con fusiles automáticos irrumpieron en una reunión de residentes y abrieron fuego indiscriminado. La retórica yihadista no deja lugar a dudas. “La ley islámica da a los cristianos infieles tres opciones: el Islam, un impuesto o el asesinato”, proclama el comunicado, citando textualmente la doctrina del yihadismo radical. Las víctimas, según sus verdugos, “eligieron su destino”.
Esta no es una amenaza vacía. ISIS y sus filiales, como ISWAP (Provincia del Estado Islámico en África Occidental), llevan años aplicando este ultimátum en Nigeria y países vecinos. Fuentes independientes, como informes de persecución cristiana, documentan que el país concentra alrededor del 72 % de los cristianos asesinados por su fe a nivel mundial en periodos recientes. La propaganda busca aterrorizar, reclutar y demostrar que el califato sigue operativo pese a intervenciones militares exteriores.
Sangre en Pascua: ataque a dos iglesias en Kaduna deja al menos siete muertos y decenas de secuestrados
Apenas días después, durante la madrugada del Domingo de Pascua, hombres armados asaltaron dos templos en la comunidad de Ariko, estado de Kaduna (centro-norte de Nigeria). Los objetivos fueron la Primera Iglesia ECWA y la Iglesia Católica de San Agustín. Los atacantes rodearon la zona y dispararon contra los fieles que participaban en los servicios religiosos.
Las cifras oficiales aún se encuentran en verificación, pero el concejal local Mark Bawa confirmó al menos siete muertos (algunas fuentes hablan de ocho) y un número indeterminado de secuestrados, que podría ascender a decenas. El ataque se prolongó durante un tiempo considerable sin una respuesta inmediata de las fuerzas de seguridad, en parte por las deficientes infraestructuras de telecomunicaciones en la zona.
El presidente de la Conferencia Episcopal Católica de Nigeria, Matthew Man-Oso Ndagoso, ha denunciado la “mala gestión”, el nepotismo, el tribalismo y la corrupción que, según él, alimentan esta espiral de inseguridad. Sin embargo, desde una perspectiva crítica, resulta evidente que la debilidad del Estado nigeriano y la tibieza ante el islamismo radical permiten que estos grupos operen con relativa impunidad.
Una persecución que Occidente prefiere ignorar
Estos hechos no son aislados. Forman parte de un patrón sistemático de limpieza religiosa en el que ISIS, Boko Haram e ISWAP persiguen a los cristianos con el objetivo declarado de imponer la sharía. La izquierda global y ciertos gobiernos europeos siguen hablando de “bandidos” o “conflictos étnicos” para evitar nombrar al verdadero culpable: el islamismo radical. Mientras tanto, los cristianos nigerianos pagan con sangre su resistencia a la sumisión. El Islam quiere prohibir los mercados navideños | Última Hora y Noticias de España | Nuestra España
El Gobierno nigeriano, lejos de erradicar la amenaza, ofrece respuestas tardías y declaraciones vacías. La intervención estadounidense de hace meses contra posiciones yihadistas no ha detenido la violencia, prueba de que la solución pasa por una confrontación ideológica y militar decidida, no por pactos o diálogos imposibles con quienes ven en el asesinato un deber religioso.
Nigeria se ha convertido en el principal cementerio de cristianos del planeta, y la comunidad internacional, especialmente las élites progresistas, mira hacia otro lado.

