¿Dónde está Miranda? El drama que avergüenza a servicios sociales

¿Dónde está Miranda? su desaparición ha vuelto a desnudar el desastre de los servicios sociales en Asturias. Una niña de cinco años, Miranda M. M., ha sido arrebatada de su familia de acogida por sus propios padres biológicos durante una visita supervisada. El suceso ocurrió el 30 de abril de 2026 en Oviedo y ha generado alarma nacional: la Policía la busca activamente y el Ministerio del Interior ha publicado su foto en el Centro Nacional de Desaparecidos. Mientras tanto, las preguntas se acumulan: ¿por qué se quita a una menor de sus padres? ¿Qué criterios aplican estos organismos para decidir que una familia no sirve? Y, sobre todo, ¿queremos otra Noelia?

Los hechos que nadie puede ocultar

Según la información disponible, Miranda llevaba 18 meses en acogida familiar. Los padres biológicos acudieron a una visita programada en un centro de encuentros y, en un momento dado, agredieron a la educadora social que supervisaba el encuentro. Acto seguido, se llevaron a la niña. La Consejería de Derechos Sociales del Gobierno asturiano presentó denuncia inmediata ante la Policía y la Fiscalía de Menores. Hasta ahora, no hay rastro de Miranda.

Este caso pone en evidencia la fragilidad del sistema: visitas supervisadas que acaban en agresión y sustracción. Los padres estaban, según fuentes cercanas al caso, a punto de perder la custodia definitiva. ¿Por qué no se reforzó la supervisión? ¿Por qué permitir el contacto si existía riesgo? ¿Por qué no dejarla a cargo de un familiar cercano en vez de desarraigarla de la familia al completo? Estas son las preguntas que los asturianos se hacen mientras la menor sigue sin aparecer.

¿Dónde está Miranda? el fracaso de los servicios sociales

El drama de Miranda no es un accidente aislado. Es la consecuencia directa de una política de izquierdas —defendida por PSOE y apoyada pasivamente por PP— que prioriza la intervención estatal sobre el apoyo real a la familia biológica. ¿Por qué se separa a una niña de sus padres? Los servicios sociales nunca dan explicaciones claras al ciudadano. ¿Fue por pobreza? ¿Por falta de recursos? Si es así, la solución no es arrancar a la menor de su entorno, sino ayudar económicamente a los padres para que puedan criarla. Quitarles el hijo es una crueldad para los padres biológicos y un trauma para la familia de acogida que la ha cuidado durante año y medio.

Recordemos el caso de Noelia Castillo, esa joven tutelada por el sistema que sufrió abusos, desprotección y un calvario judicial que terminó en eutanasia. ¿Queremos fabricar otra Noelia? Porque el sistema actual, en lugar de fortalecer la familia natural, la destruye y luego se lava las manos. VOX lleva años denunciándolo: urge incorporar la perspectiva de familia en todas las políticas y que sea un juez, no un burócrata ideologizado, quien decida sobre desamparo.

En Nuestra España ya advertimos de estos fallos estructurales Justicia de cristal: la condena que premia al violador en Mallorca . Y del riesgo de repetir tragedias como la de Noelia: ¿Protección o abandono?.

La izquierda prefiere el Estado paternalista antes que la familia. Prefiere separar, tutelar y controlar. Y cuando falla, como ahora, solo queda la búsqueda policial y el silencio incómodo de los responsables.

Priorizar la familia biológica o seguir fabricando víctimas

Es hora de cambiar el modelo. En vez de arrebatar niños, hay que dar herramientas reales a las familias en dificultad: apoyo económico, psicológico y laboral. La familia natural es el mejor entorno para un menor, no un centro o una familia de acogida temporal que luego sufre el desgarro de una visita que acaba en tragedia.

El drama de Miranda debe servir de alerta nacional. No podemos seguir permitiendo que burocracias ideológicas decidan quién es buen padre y quién no, mientras destruyen lazos irrecuperables. VOX lo ha dicho claro: la protección a la infancia pasa por defender la familia, no por sustituirla.

Desde Nuestra España exigimos respuestas concretas al Gobierno asturiano y a la Consejería de Derechos Sociales. Que expliquen los criterios utilizados con Miranda. Que garanticen que no se repetirá. Y que, de una vez, pongan la familia en el centro de las políticas.

La desaparición de Miranda no es solo una desaparición. Es la prueba del fracaso de un sistema que, en nombre de la “protección”, genera más dolor y más incertidumbre.


Escrito el 05/05/2026
Equipo NE