Un converso al islam llamado Hasan Izquierdo se postula como candidato a la alcaldía de Barcelona. Este aspirante, vinculado al Partido Andalusí, reivindica abiertamente el legado de Al-Ándalus y presenta su proyecto como una oportunidad para transformar la ciudad condal en un bastión multicultural donde la Reconquista quede en mera anécdota histórica.
El retorno del califa Abderramán III con DNI español
Hasan Izquierdo, antes Javier, emerge como la reencarnación irónica de Abderramán III en pleno siglo XXI. Este converso defiende una “España alternativa” que reescribe la historia para minimizar la victoria de 1492 y ensalzar ocho siglos de dominio musulmán. Con un tono entre humorístico y preocupante, su discurso recuerda aquellas cortes cordobesas donde la tolerancia era selectiva y los no conversos tenían opciones limitadas.
Izquierdo cita figuras como Gaudí o Peret para tejer una narrativa andalusí que, según él, forma parte inseparable de Cataluña. La ironía alcanza niveles cómicos: un candidato que invoca el mestizaje mediterráneo mientras propone estructuras políticas basadas en identidades religiosas específicas. ¿No era esto lo que criticaban de los nacionalismos excluyentes? Al parecer, cuando se trata de islam, las reglas cambian.
Su vinculación al Partido Andalusí no es casual. Esta formación promueve una reinterpretación histórica que choca frontalmente con la España forjada en la unidad católica y la Reconquista. En lugar de integración, Izquierdo apuesta por representación separada para musulmanes e inmigrantes, creando potenciales guetos políticos en una Barcelona ya tensionada por la masiva llegada de población extranjera.
La izquierda y sus aliados progresistas celebran estas candidaturas como avance democrático. Sin embargo, esto representa la rendición cultural ante un islamismo que no oculta su nostalgia por Al-Ándalus.
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La Monumental como mezquita: el símbolo de la conquista pacífica
Una de las propuestas estrella de Hasan Izquierdo resulta especialmente llamativa: convertir la plaza de toros La Monumental en una gran mezquita y centro cultural islámico. El edificio, con su arquitectura neoárabe, quedaría perfecto según él para este fin, ahora que las corridas están prohibidas en Cataluña gracias a las políticas animalistas y separatistas.
La ironía es deliciosa. Un símbolo de la tradición taurina española, atacada por la izquierda, se transformaría en emblema de la fe que precisamente los Reyes Católicos combatieron. Abderramán III estaría orgulloso de su “sucesor” barcelonés. Mientras tanto, los barrios de Barcelona sufren problemas reales de integración, delincuencia ligada a la inmigración ilegal y convivencia forzada que los socialistas y comunistas prefieren ignorar.
Esta no es mera urbanística, es una declaración de intenciones. Izquierdo busca visibilidad pública para las comunidades musulmanas, convirtiéndolas en actores políticos con agenda propia. En un contexto de debates sobre inmigración descontrolada, su candidatura actúa como espejo que refleja el fracaso de las políticas multiculturales importadas de Europa.
PP y PSOE, siempre tan dialogantes con el islamismo moderado, guardan silencio o minimizan el asunto. VOX, en cambio, denuncia desde hace años cómo la demografía y la falta de control fronterizo están cambiando el mapa cultural de España.
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El peligro de las identidades fragmentadas en la España woke
Izquierdo propone agentes cívicos de origen magrebí para mediar en barrios conflictivos. Suena práctico, pero revela la aceptación implícita de que ciertas comunidades necesitan intermediarios especiales porque no se integran en las normas comunes. Esta lógica fragmenta la sociedad en tribus en lugar de construir una nación cohesionada.
El candidato habla de “Barcelona real”, mestiza y mediterránea. Sin embargo, su discurso pivota alrededor de la memoria andalusí islamizada y la defensa del islam como elemento central. ¿Dónde queda la España cristiana, la catalana histórica o simplemente la española? Para las izquierdas, borrar la victoria de 1492 es progreso; para muchos españoles, es un insulto a nuestra historia.
Frente a esto, surge el debate de ideas: ¿puede una democracia permitir candidaturas que cuestionan abiertamente los fundamentos de la nación? Mientras Sánchez y sus socios globalistas abren fronteras, figuras como Izquierdo recogen los votos de esa nueva demografía.
La candidatura de Hasan Izquierdo, aunque minoritaria por ahora, sirve de alerta. No es un excéntrico aislado, sino síntoma de un proceso más profundo de sustitución cultural que las élites progresistas niegan. Se necesita alguien que haga de resistencia a esta deriva, priorizando la defensa de la identidad española por encima de modas multiculturales fallidas.
España no se rinde ante nostalgias califales
El ascenso de Hasan Izquierdo como aspirante islamista en Barcelona ilustra los límites de la tolerancia ilimitada. Su visión romántica de Al-Andalus choca con la realidad de una España que forjó su identidad superando precisamente esa etapa. Con humor negro, observamos cómo un converso sueña con revertir siglos de historia desde la alcaldía de una ciudad en crisis.
Los españoles de bien, hartos de cesiones, encontrarán opciones para que defiendan sin complejos su soberanía cultural y territorial. La izquierda seguirá aplaudiendo estas “alternativas”; los patriotas, trabajando por una España unida y orgullosa de su legado completo.

