Todos los ojos enfocados sobre los políticos españoles, todos los ojos observando el efecto que tiene juntar el agua y el aceite, es decir, la imagen terrenal de la bondad cristiana y de la imagen terrenal del antro de corrupción en el que se ha convertido el gobierno español. Todos los gestos y muecas bajo el microscopio y algunos de los admiradores de Santiago Abascal, en su afán de crítica al globalismo y al pontificado actual, sienten de pronto indignación porque el presiente de Vox se arrodille ante el Santo Padre, amén de sus desmanes globalistas.
Las críticas han de ir más allá de la simple imagen televisiva, y es algo de lo que pecan muchos, el quedarse con lo que se ve de primeras, la brocha gorda, y no pensar un poco más, no ver el detalle finamente hilado. Porque si de algo peca Abascal, es de hilar fino, si es que eso es un pecado.
Estipula el protocolo lo siguiente cuando se ve uno con el Papa y resulta ser político:
–Políticos católicos: Deben realizar una inclinación de cabeza o una leve reverencia. Si el Papa ofrece su mano, corresponde acercarse y hacer el ademán de besar el anillo del pescador.
–Políticos no católicos: Se les saluda como a cualquier Jefe de Estado, estrechando la mano formalmente acompañada de una ligera inclinación de cabeza.
El papa León XIV, dijo el pasado 7 de junio, durante la multitudinaria misa celebrada en la plaza de Cibeles de Madrid, con motivo de la solemnidad del Corpus Christi, la siguiente frase:
«Nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano».
Pues bien, ahí estaban los políticos, españoles, solitarios o en conjunto, con su gesto de cabeza, haciendo su ligero o acusado desnucado, para saludar al Papa. Sin arrodillarse, sin nada más. Mientras, Santiago Abascal llega, hace un ligero gesto de cabeza, coge la mano para el besamanos y, de repente, se arrodilla. Hordas de críticas en redes sociales, ¿cómo se arrodilla ante un globalista por muy pontífice que sea? Las manos a la cabeza, los voxeros alarmados, y ya dejándose convencer por Alviseros, apolíticos o peperos varios sobre aquello de que Abascal es parte del bipartidismo.
Pues no. Desde nuestra humilde opinión, no. Haciendo caso al pontífice, representación católica de la fe y de Dios, Santiago se arrodilla, y lo hace por una razón muy sencilla. León XIV lo dejó claro: «Nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano». La formación que representa Abascal NO «desprecia al hermano», y por eso puede «arrodillarse ante Dios» (o su representante).
Porque a pesar de la mala prensa que dan los medios del establishment globalista a la formación, y a su presidente, éste se mantiene firme en su propósito, mejorar la vida de los demás librando a España de la corrupción y saqueo sistemático del actual Gobierno, que además promueve el odio entre hermanos, entre comunidades, entre hombres y mujeres, entre padres e hijos, es decir entre todos.
Abascal se arrodilló porque no desprecia sus hermanos, algo que no puede generalizarse en el resto de la clase política española. Una elegante forma de dar su opinión sobre la corrupción actual, de diferenciarse y de escuchar al Santo Padre.
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