Una visita fallida: la sombra del Valle de los Caídos

Enrique Ortiz

13 de junio de 2026

El incidente en Los Rodeos: un final abrupto

El viernes 12 de junio, tras una intensa visita con una agenda que incluyó Madrid, Barcelona y las Islas Canarias, León XIV se disponía a cerrar su viaje con una misa multitudinaria en el puerto de Santa Cruz de Tenerife. Tras la ceremonia oficial de despedida, el pontífice embarcó en un Airbus de Iberia junto a su séquito y 80 periodistas. Sin embargo, cuando la aeronave estaba a punto de iniciar el rodaje, el comandante informó de una incidencia técnica relacionada con la puesta en marcha de uno de los motores, posiblemente afectada por el viento de cola

A pesar de los intentos por remolcar el aparato y reorientarlo, los técnicos no pudieron garantizar la seguridad del vuelo de manera inmediata. Fue en ese instante de incertidumbre cuando se produjo una imagen que usó la casa real para su propaganda.

El rey Felipe VI, que se encontraba en el aeropuerto para despedir al papa, subió a bordo del avión para constatar la situación, dicen, y acompañar personalmente a León XIV durante su desembarque. Ante la imposibilidad de reparar el avión, el monarca ofreció su propio avión Falcon (que en realidad es de todos nosotros) para que el Santo Padre pudiera regresar al Vaticano sin más demoras, un gesto calificado por algunos cronistas cortesanos como «caballeresco».

¡Vaya por Dios! ¡Ave María Purísima!  En este bendito país nuestro, donde lo mismo montamos una verbena que un cisma en un abrir y cerrar de ojos, la realidad ha decidido superar de nuevo a la ficción, y de qué manera. Resulta que mientras el papa León XIV andaba por nuestras tierras con el lema de «Alzad la mirada», el Gobierno andaba más bien preocupado por «resignificar» las piedras del Valle.

La cosa tiene su miga. El Pontífice agustino, que es un hombre de mundo, se pegó una paliza de 148 horas y media recorriendo parte de la geografía de nuestra patria. Estuvo en Madrid, donde le dieron las llaves de la ciudad (que espero que no abran nada comprometido); pasó por Barcelona para inaugurar la Torre de Jesucristo de la Sagrada Familia, que ahora es el edificio religioso más alto del mundo; y finalmente recaló en Canarias para abrazar a los migrantes y recordar que ningún ser humano es una isla.

Pero claro, España es un país propenso a lo simbólico. El viernes 12 de junio, cuando Su Santidad ya se veía de vuelta en el Vaticano cenando un risotto ligero, el Airbus de Iberia bautizado como «Picos de Europa», decidió que no le daba la gana de arrancar en el aeropuerto de Tenerife Norte-Los Rodeos.

El comandante, con esa flema que solo dan las catástrofes técnicas, anunció que había una «incidencia» con el motor, probablemente por el viento de cola. Vamos, que el avión se declaró en huelga de hélices caídas.

Y aquí es donde entra el simbolismo, que en España nos gusta más que una tapa de calamares. Mientras el motor papal se negaba a funcionar, en Madrid el secretario de Estado de Memoria Democrática, el señor Fernando Martínez López, ya estaba afilando el lápiz para anunciar ese plan de urbanización masónica llamado «La base y la cruz».

Dicen las malas lenguas, y alguna lectora esporádica de la prensa vaticana, que esa avería fue una «señal». Y no les falta razón: parece que el Espíritu Santo, o quizás la estática de las islas, quiso retener al Papa un ratito más mientras aquí abajo nos empeñamos en cambiarle el nombre a los valles y la función a las abadías.

Este plan busca realizar lo dictado por la Ley de Memoria Democrática de 2022, que ya cambió el nombre oficial del recinto de «Valle de los Caídos» a Valle de Cuelgamuros. «Resignificar» el espacio —que incluye la posible alteración de elementos arquitectónicos y el cambio de funciones de la Abadía benedictina— es una profanación de la voluntad original del monumento y de su carácter como basílica católica.

La coincidencia de este anuncio político con la avería del avión papal ha alimentado la idea de que España vive un momento de «señales» contradictorias, donde la máxima autoridad de la Iglesia se ve impedida de abandonar el suelo español por medios convencionales justo cuando se ataca uno de los símbolos cristianos más prominentes del país.

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Cuelgamuros: un monumento bajo asedio legislativo

El Valle, es un conjunto monumental formado por una basílica subterránea, una abadía y la cruz más alta del mundo, con 150 metros de altura. Su construcción, ordenada por el generalísimo Franco en 1940 para honrar a “todos” los caídos de la guerra civil, ha sido objeto de una intensa batalla ideológica desde la transición. Tras la exhumación de los restos de Franco en 2019 y de José Antonio Primo de Rivera en 2023, el Gobierno ha puesto su foco en la transformación física y jurídica del lugar.

El Gobierno, que sospecha que el Ayuntamiento de San Lorenzo de El Escorial (gobernado por esos señores del PP y Vox) le va a poner «pegas» a las obras de resignificación, ha decidido tirar por la calle de en medio —o por el Consejo de Ministros— para que nadie les boicotee el «lifting» monumental. Quieren convertir el cementerio en un lugar de memoria democrática civil, donde los monjes benedictinos se queden, sí, pero bajo condiciones que harían palidecer al mismísimo san Benito.

El nuevo proyecto de urbanización pretende esquivar los posibles impedimentos del Ayuntamiento de San Lorenzo de El Escorial, recurriendo a facultades directas del Consejo de Ministros para evitar cualquier boicot a las obras de «resignificación». Además, se ha anunciado la creación de un banco de ADN estatal para identificar los restos de los más de 33.000 combatientes de ambos bandos enterrados en las criptas, una tarea que los expertos del CSIC han calificado de técnicamente casi imposible debido a la humedad y el estado de los columbarios, que han acabado formando un «cadáver colectivo» indisoluble.

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La fe y la memoria política

Para muchos observadores, la avería del avión papal en Tenerife y la necesidad de recurrir al Falcon del Rey parece reflejar el estado de la gestión de los trenes, las carreteras, Duro Felguera, la Sepi, etc. Mientras León XIV insistía durante su viaje en «alzar la mirada» hacia los vulnerables y abandonar las narrativas divisivas, el debate sobre el valle sigue profundizando la polarización de la sociedad española

El acuerdo alcanzado en marzo de 2025 entre el Gobierno y el Vaticano permitió, tras años de incertidumbre, el mantenimiento de la comunidad benedictina en el Valle, aunque bajo condiciones estrictas que incluyen el relevo de su prior, Santiago Cantera, y la aceptación de la «resignificación» litúrgica del complejo. Esta cesión del Vaticano no es más que una claudicación ante la Masonería imperante y un símbolo de los caminos de la iglesia romana-anglicana.

El hecho de que el papa tuviera que abandonar una aeronave comercial de bandera nacional por un fallo mecánico solo es una metáfora de una España que no termina de «despegar» de sus conflictos históricos. El país está en un proceso de desmantelamiento de sus raíces cristianas representadas en Cuelgamuros. El Rey, al ceder su sitio en el Falcon a los cardenales y al propio pontífice, asumiendo él mismo la necesidad de buscar un transporte alternativo para su regreso a Madrid, ha perdido una oportunidad de oro (otra) para dejar patente los problemas que este gobierno está trayendo al país. O quizás hay que pensar que eso no le interesa.

 La visita de León XIV a España termina con una imagen inusual: el pontífice volando hacia Roma en un avión militar español, escoltado por cazas del Ejército del Aire hasta abandonar el espacio aéreo nacional. Este despliegue de seguridad y protocolo contrasta con la batalla técnica y jurídica que se libra en la Sierra de Guadarrama por el Valle.

El plan de urbanización de junio de 2026 marcará el inicio de una transformación física que, según el Gobierno, busca la pluralidad, pero que representa la culminación de un proceso de profanación institucionalizada. Mientras las piedras del Valle se preparan para ser intervenidas bajo el proyecto «La base y la cruz», el vuelo de regreso de León XIV deja tras de sí una Iglesia española que intenta seguir el mandato de «alzar la mirada» en un entorno de creciente hostilidad hacia sus símbolos históricos más profundos.

El fallo mecánico de un avión puede ser una simple casualidad técnica, pero en el complejo entramado de la historia de España, cada detalle se convierte en un capítulo más de la eterna lucha por el significado de su memoria.

Del papel del horrible monseñor Cobos y la cobarde presidente Ayuso, hablamos otro día.


Escrito el 13/06/2026
Enrique